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Reportaje:

La trastienda del Misteri d'Elx

Ocho hombres se ocupan de la tramoya aérea de la representación

La última de las representaciones extraordinarias del Misteri d'Elx, previas a la obra completa que se escenifica en dos partes La Vespra y La Festa, cada 14 y 15 de agosto, se celebra hoy. El Misteri d'Elx es un drama sacro lírico de mediados del siglo XV que se representa cada verano en la Basílica de Santa María de Elche. El texto del Misteri, a excepción de algunos versos en latín, es íntegramente en valenciano antiguo y la música combina diferentes épocas Medievo, Barroco y Renacimiento. Los intérpretes son ciudadanos sin una mayor preparación musical, con grandes dotes vocales y que reciben la formación necesaria en la propia Capella y Escolanía.

Estos cantores suelen iniciarse con los papeles de niños, a seis o siete años, que interpretan a la virgen María o los ángeles. Tras unos años de paréntesis por el cambio de voz, suele ocurrir entre los 13 y 14 años, muchos de ellos suelen pasar a cantar con los adultos. La Festa cuenta con cantores que llevan más de 40 años. Pero no solo los actores siguen esta tradición; otros trabajos dentro de las representaciones pasan de padres a hijos y se mantienen durante décadas, como por ejemplo las personas que se ocupan de la tramoya aérea. Desde la cúpula del templo, ocho hombres mueven el torno que sube y baja los aparatos sobre los que cantan, denominados Araceli, Magrana o Coronació.

"Los niños se quejan de que les aprietan las coronas y las pelucas dan calor"

"Aquí en la cúpula la llamamos cielo, y nosotros nos enteramos de todo"

Cristóbal Alonso, 29 años, lleva ocho desarrollando este trabajo y se siente parte del engranaje del Misteri. "El aparato que más pesa es el Araceli, que con los cuatro cantores ronda los 600 kilos", explica este ilicitano que con sus compañeros de torno hace este trabajo de forma manual. "Aquí a la cúpula la llamamos el cielo y nosotros nos enteramos de todo", cuenta Alonso, que dice que son frecuentes las anécdotas, como cuando, hace un par de años, el niño que hacía de ángel, ya atado con los arneses de seguridad y listo para bajar se puso a vomitar: "El organista tuvo que alargar la entrada y mientras nos tocó desatarlo y colocar al suplente, al que tuvieron que vestir en un santiamén", dice sonriendo.

Son frecuentes estos pequeños incidentes que casi nunca advierte el público, como el "empujoncito" que se le dio el año pasado a otro de los niños que a última hora dijo que no salía y luego lo hizo perfecto. Los nervios pueden jugar malas pasadas, pero al final se demuestra que algo que ha permanecido inalterable seis siglos, visto de cerca, está vivo y cada día cada representación es nueva, única e irrepetible.

En la cúpula, junto a los ocho tramoyistas del torno, hay entre 12 y 14 personas que se ocupan de tener a los niños preparados, colocarles la ropa, las pelucas... "Lo mejor es que somos los únicos que subimos y bajamos del cielo cuando queremos", bromea el tramoyista. Desde hace unos años cuentan también con un baño portátil en la cúpula, un adelanto que ha supuesto un alivio para los que deben pasar bastante tiempo allí. El acceso es una estrechísima escalera de caracol donde apenas cabe una persona y si había que bajar con prisas era un poema.

Lo que peor llevan los escolanos que salen en el Misteri, además de la altura, son las ropas y accesorios. "Los niños que hacen de María o María Salomé y María Iacobe se quejan de que les aprietan mucho las coronas y las pelucas les dan calor, por eso muchas veces se encuentran mal o se marean, no es tanto por el miedo, como por el agobio" comenta uno de los cantores que se queja además de que los niños de ahora son "más flojos". Este cantor salió también de niño y asegura que han cambiado, "antes éramos más sufridos y la voz era más fuerte, pero es verdad que ahora afinan más", explica.

En el Misteri hay familias enteras. Es el caso de los Cuenca. Javier Cuenca, de 10 años, cantó anoche por primera vez en el Araceli, pero no tenía miedo porque su hermano Juan, 14 años, cantó hasta el año pasado, ahora lo han jubilado por el cambio de voz, pero con Javier no se cierra la saga porque Adrián Cuenca, de cinco años, viene pisando fuerte y ya está apuntado para poder salir el año que viene por primera vez como Ángel de Coixí o de Mantell que son los primeros papeles en los que se inician los niños más pequeños. Para mantener esta tradición, cuando a los menores les cambia la voz, pueden pasar a formar parte del coro juvenil, desde donde siguen trabajando hasta que puedan entrar en la Capella de adultos. En el coro juvenil además hay chicas, que aunque no salen en el Misteri por mantener la tradición del teatro medieval, de esta forma se integran en la familia de La Festa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de agosto de 2010