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El segundo asesinado, el primer identificado

Los restos del mulero Antonio Manuel Palma han recuperado su nombre. Sus familiares ya saben dónde dejar flores. Han tardado 74 años pero ya pueden completar su duelo. Palma murió el 24 de julio, seis días después del golpe. Eran días de confusión. En Aguilar, tras un primer momento en el que parece que el comandante de la Guardia Civil no se alinea con los sublevados, finalmente vence la rebelión. Pero nadie suponía que aquello iba a derivar en una matanza.

A pesar de que el 22 de julio ya se produjo la primera aplicación del bando de guerra en Aguilar con el asesinato de Antonio Onieva Pedraza, el mulero Palma no temía por su vida. Él era un veterano de la guerra de Marruecos. De vuelta a España, reanudó su oficio de mulero. En su gremio existía un fuerte sindicato socialista.

Pero la confianza de Palma no estaba justificada. Rafael Espino, presidente de Aremehisa, reconstruye el día de su muerte: "Antonio Manuel fue con otros compañeros a recoger agua a una fuente, cerca del pueblo. Oyeron el sonido de un camión acercarse y todos decidieron esconderse por precaución, excepto Antonio Manuel. Al paso del vehículo le dispararon sin ni siquiera frenar. Al parecer eran carlistas y falangistas".

Según el mismo relato, los compañeros de Palma escondieron su cadáver bajo una higuera y lo abandonaron allí, sin saber qué hacer. Dos días después, la familia se atrevió a recuperar sus restos a los que dieron sepultura en el cementerio de Aguilar.

Así pues, la fosa de Palma estaba identificada pero, en la misma, se arrojaron otros cadáveres de víctimas de la guerra. Por ello, al abrir la tumba ha habido que hacer uso de los análisis de ADN. Tras contrastar su perfil con el de una sobrina se ha podido descubrir finalmente qué huesos correspondían al mulero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2010