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Necrológica:

Daniel Schorr, el periodista de la lista negra de Nixon

Fue acosado por el FBI tras investigar el 'caso Watergate'

La carrera del periodista televisivo Daniel Schorr (Nueva York, 1916) es lección y modelo para los reporteros del mundo. Profesional que no se casaba con nadie, dejó en evidencia a líderes extranjeros y norteamericanos, y se enemistó con sus jefes por defender lo que creía que era una forma honesta de contar lo sucedido, sin venderse a nadie. Falleció el 23 de julio en Washington, a los 93 años.

El momento decisivo de su carrera llegó en 1972, cuando investigó el escándalo del hotel Watergate de Washington. Un grupo de empleados de la Casa Blanca, auspiciados por el presidente Nixon, entró a espiar en los despachos del Partido Demócrata. Durante la comisión del Senado que investigó el escándalo, consiguió una lista de enemigos dictada por el propio Nixon en 1971, con 20 nombres de personas a las que el FBI y Hacienda debían investigar. Schorr leyó la lista en antena sin haberla revisado previamente. Había nombres como el del congresista John Conyers. Y, casi al final, en el número 17, su nombre: "Schorr, Daniel. Empleado de Columbia Broadcasting System. Washington. Un verdadero enemigo en los medios". Así se granjeó Schorr el título de El enemigo de Nixon, apodo diseñado por el mismísimo presidente.

El presidente elaboró una relación de 20 famosos a vigilar

"Casi me desmayé en antena", recordó Schorr en una entrevista mantenida con The Hill, un diario local de Washington, hace un año. "No la había leído previamente, no me lo esperaba. Pero seguí leyendo: número 18, Paul Newman. Número 19, Mary McGrory

[periodista ganadora del Pulitzer]. Era una lista de gente muy distinguida. Desde entonces, incrementé mis honorarios como conferenciante", bromeó.

Schorr se lo tomaba con humor, pero en 1971 vivió acosado por agentes del FBI. Interrogaron a sus familiares, amigos, jefes y compañeros: "¿Sabe si el señor Schorr ha tomado parte en actividades políticas ilegales?". Que el FBI investigue a los ciudadanos sin motivo es delito. Cuando Schorr se lo recordó a la Casa Blanca, el presidente respondió que dio la orden porque pensaba en el periodista para "un puesto muy importante". ¿Cuál? No respondió. Según dijo entonces The New York Times, "la risa que provocó esta situación todavía se puede oír en todo Washington".

La caída de Nixon no disminuyó su impecable labor. Schorr informó sobre actividades supuestamente ilícitas de la CIA y el FBI, como intentos de asesinar a Fidel Castro. En 1976 consiguió las conclusiones secretas de una investigación de la Cámara de Representantes a la CIA. Sus jefes en la CBS se negaron a revelarlas íntegramente, por lo que Schorr las filtró al diario neoyorquino The Village Voice. La Administración del presidente Ford y algunos compañeros de profesión difundieron el rumor de que no lo había filtrado sino vendido. Cuando fue investigado por el Gobierno, se negó a revelar su fuente. Airado, dijo a sus interrogadores: "Sería como traicionarme a mí mismo, a mi carrera y a mi vida. Simplemente, no puedo hacerlo". Finalmente, se le dejó ir en libertad. La tensión con sus jefes se volvió inaguantable y dimitió en 1977.

Mucho antes de Internet, fue crítico con el estilo sensacionalista de cadenas como CNN, para la que trabajó entre 1979 y 1985. Escribiendo sobre las comisiones de investigación del Watergate, dijo: "Aquello demostró que la realidad, a la que deberíamos servir nosotros, los periodistas, estaba siendo requisada a causa de las insaciables ansias escapistas de la nueva era de los medios. Esa es la novedad. La emoción es lo que importa. Los grandes eventos nacionales -incluso las tragedias nacionales- se han convertido en entretenimiento".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de julio de 2010