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estereotipas

DIVORCIADA CON REPAROS

Hoy estoy de bajón. Es mi aniversario de divorcio. Hace un año que le dije ahí te quedas. Si es por él aún estoy planchándole las camisas y poniéndole la cena. Llevábamos dos años sin hablarnos, pero vivir a mesa puesta y cama hecha no es moco de pavo. Y se ve que no tenía pava fija. Los tíos no sueltan a una hasta que no se cuelgan de otra. El síndrome de la liana, lo llaman los sexólogos. Yo, Jane, huí de la selva. A Tarzán que lo aguante Chita.

Desde entonces soy La Separada, un servicio público. Te sientes como un taxi libre: te entra de todo por todos sitios. En el Ave y en el avión. En el PC y en persona. Jovenzuelos y vejestorios. Lactantes y mamonazos. Esos los que más. "Te vi en match.com, cuando quieras tomamos un café", me soltó ayer un gerifalte de gerencia que no me había dirigido la palabra en cinco trienios. Lo decía con retintín, como rebajándose a hacerle un favor a una pobre desgraciada. Iluso. Con esa calva y esa barriga y esa papada. El desgraciado será él. Tenía a la señora y los críos de salvapantallas y ni se molestó en minimizarla. Conmigo va dado. Estoy muy mayor para ser la otra del otro.

Así me va. Mis amigas me llaman la Ibex 45. Por lo de selectiva, y por lo de cuarentona. Yo seré una estrecha, pero otras tienen la banda muy ancha. A una de la panda le decimos la Tarifa Plana: le da igual ocho que 80. Hablando de esa década, yo ya paso de bailar It's raining men en las discotecas de maduritos. Total ¿para qué? Mira que ha llovido desde entonces, pero lo que es a mí, tíos decentes no me ha aterrizado encima ninguno. Las casadas lo ven muy fácil. "Haz yoga, da clases de sushi, ponte a tiro". Como tienen uno en casa, siguen creyendo que los hombres caen del cielo. Se han quedado en las películas de Sandra Bullock. De cuando la Bullock era la Bullock, pobre, porque el marido era un golfo que se los ponía con todas. Adictos al sexo, les dicen ahora. Ahí la tienes. Una ex novia de América con el Oscar en un brazo y el bebé adoptado en el otro, soltera y madre en la vida. Las ricas también lloran.

A mí quien me llora es mi ex. Después de ponerse pelo, agenciarse un deportivo y darse la vuelta al mundo -él, que no le sacabas de Peñíscola ni a tiros-, el pájaro vuelve al nido. Se deja caer cada noche con la excusa de acostar a los críos. Con quien quiere acostarse es con quien yo te diga. A buenas horas. Ya se lo canté por Marta Sánchez en el karaoke de la comunión del niño. "Soy yo, la que se marchó. Soy yo, sin pedir perdón. Mírame bien, es la última vez. Soy esa mujer que no podrás tener". Y no me puedo echar atrás.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de julio de 2010