Reportaje:

Espacio para la Historia

Culmina la ampliación del antiguo Museo Municipal que contará la vida capitalina desde el siglo XVI hasta hoy

El espacio que albergará el futuro Museo de Historia de Madrid es ya una realidad tangible. Ocho años de obras y 18 millones de euros de inversión, según anunció el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón en su visita matinal de ayer, han adaptado a los desafíos del siglo XXI el interior y la fachada barroca del veterano edificio del antiguo Hospicio de Madrid, sede secular del Museo Municipal.

Sus fondos, unas 40.000 piezas muchas de ellas obras de arte, han permanecido en el Centro de Apoyo a los Museos asentado en el cercano Cuartel del Conde Duque. Buena parte de tales fondos quedará allí disponible para surtir futuras exposiciones temporales que programe el flamante Museo de Historia, liberado así de su almacenamiento. La primera exhibición será la del deslumbrante ajuar de las Platerías de Martínez, con factoría frente al Prado, expresión del esplendor artesanal madrileño.

El alcalde visita las obras del futuro Museo de Historia, antiguo Hospicio

En la calle de Fuencarral, 78, donde se aloja el futuro museo, culmina la tercera fase de una completa transformación interior, que incorporó previamente una zona de oficinas. Se trataba de añadir nuevo espacio expositivo al museo, que pasa de los 2.269 metros cuadrados de antes hasta los 3.051 metros cuadrados de ahora gracias a una ampliación debida a la ganancia de una espaciosa planta sótano. Allí fue hallado un sistema hidráulico, con noria y brocal incluidos. Junto al antiguo hospicio estuvieron los célebres pozos de nieve con los que Madrid se abasteció durante siglos de hielo para la conservación de alimentos. El futuro escaparate de la historia madrileña, contará pues en su planta baja con una Sala del Agua, dada la singularidad de los viajes que recorren 130 kilómetros del subsuelo y de cuyas arcas el museo conserva las llaves.

Otra de las metas de esta fase de la actuación ha consistido en rehacer en cuatro grandes áreas históricas -Imperio, Ilustración, Revolución Industrial y Era Contemporánea- el vetusto discurso museográfico vigente durante décadas. A partir de los próximos meses, el museo mostrará en tres plantas de innovadas salas -algunas de casi 100 por 10 metros- cinco siglos de historia de la ciudad, desde que Felipe II decidiera en 1561 establecer en Madrid la capital de sus reinos, hasta nuestros días. De entonces acá, miles de objetos, desde regalos protocolarios como plumas de aves tropicales o cuernos de rinoceronte, estampas, fotografías, mapas u obras de arte como una Virgen con el Niño de Pedro Berruguete o una Alegoría de Madrid de Francisco de Goya, se fueron acopiando en el Museo Municipal, que quedó hondamente integrado en el tejido de la ciudad. El museo pudo sobrevivir a numerosos avatares gracias a donaciones de la ciudadanía que afluyeron a raudales tras una espléndida exposición sobre El Antiguo Madrid celebrada a principios del siglo XX. Pese a ello, antes de la actuación acometida en 2002, el Museo Municipal se hallaba al borde de la colmatación. Por tal causa, dentro de un Plan Modernizador de sus museos acometido por el Ayuntamiento, el Concejo decidió racionalizar el sistema museístico capitalino, donde el ahora llamado Museo de Historia ocupará un lugar destacado, según subrayó el alcalde. Y ello, sin alterar la naturaleza exterior de un edificio muy dañado por la erosión que data de 1726. Su pórtico, un retablo en piedra de Pedro de Ribera con esculturas de Juan de Ron dedicadas a San Fernando en honor al rey Fernando VI, pasa por ser una de las principales señas de identidad de Madrid. Ribera rehizo el hospicio con la apertura de dos puertas simétricas bajo sus ventanales a Fuencarral nimbados por heráldica hispana. Una de las cancelas, tras la actual transformación, dará entrada a la nueva cafetería, que dispondrá de una terraza a la calle. Esta zona será verjada para evitar que la fachada y el pórtico barrocos, de impronta churrigueresca, sean pasto de grafiteros, como así ha sucedido. Tan excelso retablo ha sido restaurado por Concha Cirujano, del Instituto del Patrimonio Cultural. Dos óculos ciegos recuperarán su transparencia.

En la actuación -presupuestada en 10.262.598 euros en un cartelón exterior- ha sido integrado y cubierto el gran patio central, futuro vestíbulo columnado con fustes de madera y un diáfano lucernario perimetral. Dos cipreses mantienen enhiestos sus troncos y se elevan hasta las cubiertas, en cuyos torreones una acertada disposición impide la visibilidad de las instalaciones de aclimatación. Fraileros y carpinterías, en roble ranurado, han sido diseñados por el arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade, autor del proyecto museístico, ideado para permitir una circulación autónoma interior de personas y otra de obras de gran formato, mediante un sistema conector con plataformas portantes entre las diferentes plantas. El futuro plan museográfico incorporará la contigua Fuente de la Fama.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 20 de julio de 2010.

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