Crítica:Monumental de Barcelona | la lidiaCrítica
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Algarabía turística

El cartelón de figuras consiguió que los tendidos se cubrieran algo más de la mitad. Algo es algo... La pena es que el público era mayoritariamente turístico. ¿Y eso cómo se sabe? Elemental. Solo los turistas reciben y despiden a la pareja de alguacilillos con una cerrada ovación; solo los que nos visitan gritan y chillan con ese sonido tan típicamente molesto cuando un toro entra al caballo o recupera la verticalidad tras el fallo del puntillero; solo los extranjeros o quienes están muy lejos de esta fiesta se ponen en pie, impulsados por no se sabe qué, ante detalles insulsos que no merecen el movimiento de un solo músculo. Pero esto es lo que hay...

La terna fue recibida con mucho cariño, pues los turistas son muy afectuosos y obligaron a los toreros a saludar tras romperse el paseíllo. Y los matadores respondieron a su público, que tanto los quiere, con una corridita a modo, bien escogida, anovillada, blandita, bonita, nobilísima y buena hasta producir lástima. Y hubo poco toreo verdadero, como no podía ser de otro modo; bien lo impidieron los toros -ninguno fue castigado ni mucho ni poco en varas- por su invalidez, o bien los toreros se cuidaron el cuerpo, abusaron de los trucos triunfalistas y de la reinante mediocridad.

DEL RÍO / EL FUNDI, EL JULI, MANZANARES

Toros de Victoriano del Río, desigualmente presentados, blandos y muy nobles.

El Fundi: pinchazo, media tendida, un descabello -aviso- y un descabello (silencio); media y dos descabellos (algunos pitos).

El Juli: dos pinchazos y estocada trasera (ovación); pinchazo y estocada (oreja).

José María Manzanares: pinchazo, estocada tendida -aviso- (ovación); estocada perpendicular (dos orejas).

Plaza Monumental. 18 de julio. Algo más de media plaza.

Pero quede constancia de que la gente lo pasó bien. La locura pareció apoderarse de los tendidos cuando Manzanares acertó con una estocada perpendicular en el sexto de la tarde, que era la tonta del bote con hechuras de novillo, al que muleteó con la plasticidad propicia de este torero elegante, en una polvorienta faena -el piso de esta plaza se asemeja al de una plaza portátil instalada en un patatal- en la que destacaron momentos de enorme calidad. Manzanares tiene la virtud innata de que, si un toro embiste, su quehacer rezuma una gracia especial. No fue la suya una faena grande por la extrema bondad de su oponente, pero protagonizó secuencias henchidas de templanza y hondura. Más turístico se le vio en el tercero, otro santurrón, al que muleteó despegado, acelerado y con escaso mando. Sus banderilleros Juan José Trujillo y Curro Javier se lucieron con los garapullos.

Poco mando desplegó El Juli, que se las vio ante dos novillotes que se rajaron pronto, y con los que no llegó a entenderse. Muy despegado casi siempre, la muleta enganchada en demasía, y la sensación de no haber encontrado el aire necesario. Quede en su haber un precioso y ajustado quite por chicuelinas a su primero, y una templada tanda de naturales en ese mismo toro. Le concedieron una oreja en el quinto por el arrimón final y la fulminante estocada tras un descabello.

Y el maestro Fundi no tuvo su tarde. No es torero para toros tontos, y se le vio que quiso y no pudo, torpe y tenso. A los turistas, que no saben quién es, tampoco les gustó.

José María Manzanares sale a hombros de la Monumental de Barcelona.
José María Manzanares sale a hombros de la Monumental de Barcelona.ANDREU DALMAU

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 19 de julio de 2010.

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