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Análisis:EL ACENTO

De palique por las nubes

Cualquiera diría que el mercado de la telefonía móvil está próximo a la saturación (debe haber más de 5.000 millones de móviles en el mundo), pero las compañías siguen avanzando a golpe de explotación intensiva de pequeñas vetas de consumo. El último filón es el de las llamadas por móvil desde el avión, hasta ahora prohibidas porque, como aseguran, las señales que llegan a la cabina desde los pasajeros "pueden interferir con la electrónica de a bordo". Ese silencio se acabó. El Ministerio de Industria acaba de autorizar el uso del móvil en vuelo; a partir de esa autorización, los aviones podrán instalar un sistema NCU (Network Control Unit) que permite discriminar las transmisiones del móvil (para que no interfieran con "la electrónica de a bordo"), firmar alambicados contratos con las operadoras y a cobrar. El que quiera charlar desde 3.000 metros de altura tendrá que pagar, a ojo de buen cubero y de la cara,más de 2,3 euros por establecimiento de llamada y más de 4,7 euros por minuto. El pequeño filón tiene todo el aspecto de resultar muy rentable.

Hasta este momento crucial, los vuelos intercontinentales estaban dominados por la somnolencia, el zumbido de los motores y los movimientos perezosos de los pasajeros. A partir de ahora serán como vagones de metro o de AVE: conversaciones estridentes del tipo: "¿A que no sabes dónde estoy?", "no me acuerdo si dejé cerrado el gas" o "el billete lo compré por Internet, que es más barato". Hubo tiempos, quizá más dichosos, aunque breves, en los que el teléfono fijo se utilizaba para urgencias o malentendidos y el móvil se conectaba para emergencias de alpinista. Hoy no se soporta el silencio y unas breves horas de soledad parecen una tortura que hay que exorcizar con chácharas de discoteca. Tempus fugit.

Pero, como la telefonía móvil es un mercado, la mirada se fija en los precios. Mejor dicho, en algunas contradicciones tarifarias que ya se avizoran. El viajero que se afana en encontrar billetes baratos ¿pagará cinco euros por minuto de conversación en una llamada desde las nubes? Seguro que sí. La plusvalía ya no se estudia en los manuales de economía sino en los de sociología y, en los casos peores, de psiquiatría.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de julio de 2010