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CLICK CLACK | TOUR 2010 | 10ª etapa

¡Qué calor!

Todos de acuerdo, los 181 que aún sobreviven en la carretera, y los miles de personas que siguen y participan de alguna manera en este circo itinerante: ¡Qué calor! Y las veces con las que se repite la expresión al cabo del día, la intensidad en la entonación, la gesticulación e incluso la sobreactuación, aumentan día a día, lo mismo que la temperatura ambiental. Alberto Contador decía tras cruzar la meta que el calor había sido increíble, que llegó a ver en la pantalla del pulsómetro 47 -eso es porque le pegaba el sol a la pantalla, pues la temperatura máxima fue de tan solo 39 grados-, y que no sabe calcular con precisión cuántos botellines pudo beber, pero que entre unos 20 o 25 seguro. A 500 mililitros por bidón, el cálculo en litros es fácil.

Chris Horner salía ayer de la habitación del hotel con el ventilador en la mano. Los aires acondicionados de los hoteles son unos de los grandes enemigos de los ciclistas, y, aunque nadie los prohíbe, todo el mundo sabe que hay que evitarlos. En algunos hoteles están conectados de manera automática, así que no falta el ciclista McGyver que lleva un destornillador en la maleta para neutralizarlos, mientras que otros se las apañan poniendo una toalla húmeda en las rejillas de salida del aire. Además, en esta zona de Francia es fácil que te toque un hotel con tejado de pizarra. Estéticamente es muy bonito, pero a nadie le aconsejo la experiencia de dormir en la última planta de uno de estos edificios estos días. La piedra acumula el calor durante el día, y lo va expulsando lentamente hacia abajo durante la noche, así que lo que los ciclistas llaman la noche-sauna es otra de las experiencias extremas a soportar.

El tiempo, tema estrella del ascensor, es en este Tour algo más que un tema socorrido. Y más concretamente el calor. Preocupa, sobre todo por el exceso de humedad. Porque el calor de este año es húmedo, pegajoso, rompes a sudar y no hay sombra que te cobije. Preocupa además a los que padecen de alergias o asma, gente con bronquios hipersensibles a este tipo de condiciones.

Cambias unas palabras con un corredor, con otro, e invariablemente sale la expresión: ¡Qué calor! Yo hoy he podido estrecharle la mano a Armstrong -qué difícil es acceder al tejano de manera privada- y cuando le he preguntado que qué tal está, me ha respondido lo mismo que todos: bien, pero.... Qué calor. Ayer soplaba un fuerte viento abrasador en contra que hacía que los 32-33 grados que marcaba el termómetro pareciesen una broma. En el kilómetro 36 se formó finalmente el grupo, y a partir de ahí la historia de la etapa terminó para los de atrás que se tomaron la etapa con calma mientras el comentario más oído en diferentes idiomas era: ¡Qué calor!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de julio de 2010