Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:LA COCINA DE DEL BOSQUE | SUDÁFRICA 2010 | La otra mirada

Hinchas hasta en la cocina

Del Bosque ha conseguido que la afición, al fin, se sienta unánimemente representada por un seleccionador tranquilo y elegante

No trató de contentar a nadie, pero Vicente del Bosque fue justo el día que dio la lista de convocados, allá por el mes de mayo, y a partir de ahí, la afición se metió hasta la cocina del equipo. Sin resquemor, con normalidad. Puede que ayer, en Johanesburgo, en la Plaza Nelson Mandela, epicentro del Mundial, en la fan zone y en los alrededores del Soccer City en Soweto, la gente vestida de naranja fueran mayoría y sus disfraces fueran más ocurrentes.

Es normal: la cultura holandesa de seguir a sus selecciones deportivas está tan arraigada que existe un club de fans oranje, una especie de peña con casi 100.000 inscritos que moviliza a más de veinte mil personas en cada fase final de un campeonato del mundo. En un país fundado por colonos holandeses, la España de Del Bosque se ganó el corazón de los aficionados bafana-bafana, que mayoritariamente le dieron la vuelta a Holanda, por razones histórico-raciales, pero también por mera cuestión deportiva.

Según la Federación, unos 4.500 españoles se desplazaron a Sudáfrica

Así, los españoles fueron minoría en las gradas, pero no en las calles. Según la Federación Española de Fútbol, unos 4.500 seguidores llegaron desde España. Es cierto que la federación manejó muchas más entradas, que fueron a parar a compromisos con sus patrocinadores. La selección ha ganado amigos en este Mundial. Y eso se debe a los futbolistas pero, por encima de todo, a una manera de hacer que no deja lugar a dudas.

Vicente del Bosque no se ha ganado portadas por generar problemas, sino por un comportamiento sensato en la derrota, receptivo a las críticas como forma de progresar, y elegante en la victoria, como simboliza la imagen que protagonizó tras eliminar a Alemania en la semifinal: Toni Grande, su amigo y mano derecha en la cocina, se le tiró al cuello para darle un abrazo que aunaba cariño de amigo y felicitación de profesional.

Del Bosque, cuando escapó de sus brazos, en vez de sumarse a la piña que montaban en el banquillo todos sus colaboradores, se fue en busca de Joachim Löw, su colega derrotado, para estrecharle la mano.

Del Bosque, que ya tiene una peña con su nombre fundada por 20 amigos, ha logrado algo que ningún seleccionador consiguió antes: que la afición estuviera orgullosa del hombre que la representa en el banquillo.

A los 59 años, el bigotudo salmantino ha impuesto su estilo de hombre tranquilo, capaz de reconocer errores antes que obcecarse en repetirlos, empecinado en que, a su alrededor, la vida se desarrolle sin más sobresaltos que los golpes de alegría después de las victorias y el consuelo tras las derrotas.

Por eso, en la cocina del seleccionador cabe la afición española y caben los miles de sudafricanos que ayer le dieron su apoyo durante la final.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de julio de 2010