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JUEGOS FATUOS | SUDÁFRICA 2010 | España-Holanda, gran final del Mundial

Pulp Ficción

Los equipos se han impuesto a las individualidades y, en consecuencia, los seleccionadores y sus tácticas han cobrado el protagonismo que, salvo a la hora de propinarles la patada, se les escatima. Así como se recuerdan los errores de árbitros y de porteros más que los aciertos, al entrenador se le suele hacer responsable de las derrotas. Pues bien, ha llegado el momento de recapacitar y, si acaso, rectificar. En Sudáfrica, donde los jugadores más mediáticos han visto mitigado su aurífero fulgor, se ha puesto de manifiesto quienes son, por derecho propio y más allá de habilidades circenses, los mejores jugadores del mundo: aquellos que, al servicio de un equipo y bajo la batuta de un entrenador, han llegado a disputar esta fase final. La mejor película no es necesariamente la que reúne más famosas y cotizadas estrellas, como parece creer algún prepotente presidente de club. Hasta en el fútbol ha llegado la hora de reivindicar la importancia del guionista. Aunque, para que el espectáculo no decaiga, siempre habrá mandatarios balompédicos que acaben fichando al pulpo agorero y, enfundándole la camiseta de sus gloriosos colores, lo presenten ante una cohorte orquestada de hinchas enfebrecidos. Con la soberbia desfachatez de quien, si las cosas van mal, culpará de sus decisiones al entrenador de turno que, flagrante despropósito, él mismo ha contratado.

En Francia les cae mejor La Roja que La Naranja, pero les preocupan más sus Azules y 'la revolución de terciopelo'

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En cuanto a mí, comentarista de tres al cuarto, las circunstancias han querido que viera las semifinales de Sudáfrica en París. Ello me ha proporcionado una rara perspectiva desde la que el espacio y el tiempo se comprimen y el balón pateado por el holandés Van Bronckhorst, a 30 metros de la portería uruguaya, atraviese como una exhalación el escándalo Bettencourt (una especie de Gürtel a la francesa) y se incruste de forma inapelable en las redes de la portería germana por el prodigioso y providencial cabezazo de Superman Puyol, mientras Moriarty Sarkozy se lava las manos a la manera de Pilatos Rajoy, como medida preventiva ante el posible recrudecimiento de otro tipo de contagiosa gripe A, cuyo virus a sus respectivas sombras se ha propagado.

En Francia les cae mejor La Roja que La Naranja, pero se preocupan más de sus Azules. En coloquios y telediarios, las especulaciones sobre la posible selección que les representará dentro de cuatro años ha relegado el actual Mundial a segundo plano. A fin de cuentas, hace tiempo que para ellos ha terminado y se disponen a emprender lo que han dado en llamar "la revolución de terciopelo". Para nosotros, en cambio, la revolución ya se hizo en 2008 y estamos a punto de culminarla con éxito, aunque la pelota de la Final todavía esté en el tejado. Para Lizarazu, ex jugador del Bayern de Múnich, España es la favorita a pesar de que, según él, cuatro o cinco de sus jugadores no estén al nivel habitual. El caso es que, aunque seduzca menos, la España de Shrek Del Bosque mete miedo. En 54 partidos solo ha perdido dos. Por cierto, ante selecciones meritoriamente voluntariosas, con perdón, como Estados Unidos y Suiza. Ante la primera, faltó fuerza. Ante la segunda, estrategia. Dos partidos que, dicho sea de paso, si volvieran a jugarse no se volverían a perder y que han servido, eso espero, de experiencia a no repetir ante Holanda. Y, si las piernas flojearan, no olvidemos que pensar rápido también confiere velocidad al balón. En última instancia, confiemos en que, sin pensárselo dos veces, vuelva a aparecer Superman Puyol del fondo de nuestros televisores para, conjurando catástrofes y fulminando corrupciones, desordenando el espacio con su hirsuta y rizosa cabellera y taladrando la pantalla con su rostro esculpido a martillazos, ponga las cosas en su sitio y el balón entre los palos.

Y, cuando todo haya acabado, una pregunta flotará en el aire: ¿quién se ha comido el pulpo del Mundial?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de julio de 2010