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Tribuna:La firma invitada | Laboratorio de ideas

Nuevos caminos para el empleo

La crisis económica mundial ha desvelado en España una componente doméstica que se venía fraguando desde hace tiempo, la competitividad de nuestra economía que, como un efecto de vasos comunicantes, muestra su cara más devastadora socialmente: el desempleo.

Tras una fase de negociación fallida por parte de los interlocutores sociales, el Gobierno ha aprobado el decreto que recogerá la reforma laboral. Debates aparte sobre el calado y las medidas adoptadas para dinamizar el mercado de trabajo, debemos aprovechar este momento para diseñar nuestro modelo productivo, buscando nuestra diferenciación y fortalezas e innovando sobre ellas. Apuntemos algunas reflexiones sobre las áreas que podrían generar crecimiento y empleo de calidad en España.

España debe redefinir sus oportunidades de futuro, las que le ofrecerán mayores ventajas competitivas

El agua debería ser una clave de especialización y de diferenciación para España en la economía verde global

Para competir en el mercado mundial actual, donde las economías emergentes crecen más deprisa y parecen haber sufrido menos durante la crisis, Europa necesita productos y servicios de mayor calidad y más innovadores. La posición de la Unión Europea (UE) como potencia económica del futuro depende del fomento de un entorno que promueva, incentive y premie la innovación en los sectores público y privado. Desde este punto de vista, España debe adaptarse a las tendencias actuales y redefinir cuáles serán las oportunidades de su futuro -aquellas que ofrecerán una ventaja competitiva a escala mundial- para apostar decididamente por ellas. Debemos pensar que habrá que incrementar sustancialmente nuestras exportaciones, ¿pero hacia dónde? Donde el dinero esté. Por lo tanto, se deberían canalizar los esfuerzos hacia los mercados y países que ofrezcan oportunidades. Se impone, pues, analizar las tendencias y compararlas con nuestro conocimiento y experiencia; esa será nuestra diferenciación y carta de presentación en dichos mercados. Detengámonos en alguna de estas tendencias.

Los flujos demográficos, la presión y gestión de los recursos naturales y el respeto del medioambiente son tres variables indiscutibles en la ecuación a resolver, y las políticas globales establecidas en este sentido parecen haber convertido a las energías renovables y su entorno tecnológico en uno de los campos con mejores perspectivas de crecimiento y, por tanto, laborales a nivel mundial. Sin embargo, la sostenibilidad implica igualmente tener un coste energético asumible y una dependencia razonable. Somos un país con conocimientos en todos los sistemas de generación, pero cuyo mix energético presenta ciertos desajustes. Es el momento de definir el mix del futuro y exportar nuestro conocimiento como modelo de crecimiento. Ahora queda analizar si realmente se dan las condiciones óptimas para impulsarlo.

Las empresas necesitan contar con un entorno regulatorio estable y claro para planificar sus estrategias. Antes de embarcarse en proyectos de gran magnitud, necesitan tener la certeza de que la inversión vale la pena. España está redefiniendo el mapa legislativo en materia de renovables y el resultado tendrá una influencia determinante, en especial en el desarrollo de la energía eólica y solar. Ahora mismo, persiste un serio interrogante sobre el potencial real de las renovables y, por ende, sobre su capacidad para atraer inversión y crear empleo. En cualquier caso, nuestra pericia en este campo es reconocida en todo el mundo, y las empresas e ingenierías españolas desarrollan proyectos de tecnología punta en todo el planeta basándose en el conocimiento y desarrollo adquirido en nuestro mercado.

Al igual que las necesidades energéticas, las ciudades del futuro demandarán también infraestructuras más modernas y eficientes para el transporte, para la distribución de energía, para los cuidados de la salud y para el suministro y gestión del ciclo del agua. El reto será hacer más con menos, dado que el crecimiento de las demandas será exponencial y en ocasiones superará la oferta de recursos. La combinación de ingeniería y tecnología será la clave para dar respuesta a dichos retos.

En este sentido, las compañías españolas ya están compitiendo con éxito en el mercado internacional, tanto en ingeniería y construcción como en desarrollos tecnológicos y modelos de explotación. Aun así debemos escapar de la autocomplacencia. Hemos iniciado la senda, pero el camino será largo y duro. Sirva como referencia el ejemplo de China, país que aun creciendo fuertemente en su demanda interna ya está compitiendo e implantándose en nuevos mercados, como África, tanto en el sector del refino como en el de infraestructuras.

Entre todo esto, quiero destacar un sector que ofrece perspectivas de crecimiento y empleo en todo el mundo y que debería convertirse en una de las claves de la diferenciación y especialización de España en el ámbito de la nueva economía verde y global: el mercado del agua.

Este recurso escaso exige de forma perentoria la aplicación de nuevas tecnologías para su gestión, de modo que se garantice su disponibilidad y calidad en el futuro en el mundo. La demanda de empresas especializadas será cada vez mayor, sobre todo a medida que se salga de la crisis. Dentro de la industria del agua proliferarán nuevos modelos de negocios que dinamizarán su crecimiento y derivarán en una demanda de empleo especializado: principalmente ingenieros, químicos, biólogos y otros técnicos que necesitarán complementar su formación básica con especialización y una formación más multidisciplinar en otras áreas de conocimiento como la economía o las tecnologías de la información.

Según el informe Empleo verde en una economía sostenible, elaborado de forma conjunta por el Observatorio de la Sostenibilidad en España y la Fundación Biodiversidad, el empleo verde ha crecido en una década un 235% y actualmente supone un 2,62% de la población activa, siendo sus tres actividades principales la gestión de residuos (26,4% del total), las energías renovables (20,6%) y el tratamiento y depuración de aguas (11%).

El mercado del agua tiene en España un gran referente, por la escasez histórica del recurso y las soluciones desarrolladas para su gestión. Ahora el desafío es la segunda generación de soluciones: el incremento en la calidad de los parámetros relacionados con el abastecimiento y vertido, y la reutilización del agua.

Sin embargo, el conocimiento de este sector en España también se extiende al ámbito en la gestión de las redes, con una gran experiencia en la esfera privada y público-privada. Estos modelos de gestión e innovación nos posicionan como una potencia líder del sector. Ya hay empresas españolas en primera fila internacional ejecutando grandes inversiones y aprovechando las oportunidades de negocio.

Lejos del fin, estamos en el camino: el mercado del agua está estrechamente ligado a la innovación y a las nuevas tecnologías, por lo que la renovación permanente de los conocimientos es decisiva y el esfuerzo innovador e inversor debe mantenerse. Profundizar e impulsar la formación e innovación en las múltiples disciplinas será una gran baza en pro de la especialización que necesitamos como país. Gobierno, instituciones educativas y empresas han de trabajar en los engranajes necesarios para crear esa pericia o experiencia diferenciadora en nuestro mercado laboral.

La oportunidad está aquí y hay que capitalizarla. Definamos nuestro modelo, desarrollemos nuestra diferenciación, no escatimemos esfuerzos y exportemos nuestro conocimiento.

Rafael Díaz-Granados es presidente de GE en España y Portugal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de julio de 2010