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Reportaje:TOUR 2010 | Prólogo

Armstrong y Cancellara, con ganas de verdad

El suizo gana un prólogo en el que el tejano aventajó a Contador en 5 segundos

Xavi Florencio sufría en silencio las hemorroides; ahora sufre en público, con altavoz, la ignominia de tratar de sofocarlas con una pomada prohibida. Al expulsarlo del Tour tan expeditivamente por un quítame allá una efedrina vía rectal, despreció el médico de su equipo, aparte de la ingenuidad de su corredor, el seguro efecto ergogénico que supone en un deportista el sentirse víctima de una injusticia tal como se pudo comprobar ayer por la tarde con las prestaciones espléndidas de Fabian Cancellara y Lance Armstrong, dos que a sus magníficas cualidades atléticas sumaron, durante su marcha veloz, casi un espejismo, por las azotadas y húmedas calles de Rotterdam, los procesos químicos únicos que se cocinan en el cerebro y que reciben el nombre de motivación extra. Los dos salieron vencedores de sus desafíos.

Contador marcó diferencias con Evans, Sastre, Basso y Andy Schleck

Cancellara, del que se rumorea ruidosamente desde hace semanas que usó una bici con motor para ganar las dos clásicas más grandes, Flandes y Roubaix, se impuso en el prólogo y proclamó: "El motor soy yo". Armstrong, acusado un día más por su ex compañero Landis de doparse unos cuantos años, se dio el placer, doble, triple, cuádruple, subjetivo siempre, de acogotar a Contador, a quien sacó cinco simbólicos segundos, de ser el mejor de los favoritos a la victoria final, de realizar, por fin, una buena contrarreloj en su retorno, de cantarle a Landis, al que por la mañana había calificado de tan previsible y agrio como "un cartón de leche cortada": "No tengo nada que decir. Nada nuevo. Ya llevo 10 años viviendo con acusaciones".

Cancellara recorrió los nueve kilómetros a más de 53 kilómetros por hora. Armstrong y Contador, los que van de duelo, a más de 51. Contador, él, estuvo muy bien. Talento y piernas espléndidas sin motivación extemporánea, cabeza y concentración absoluta en el largo plazo, no en la gratificación inmediata, el chico de Pinto mantuvo el tipo -"a los segundos con Armstrong, mínimos, no hay que darles importancia", dijo- sobrevivió a las largas rectas, terreno de expresión de las grandes cilindradas -"aunque no he conseguido coger bien el ritmo"-, y marcó diferencias con los demás pretendientes: 11s a Kreuziger, 12s a Evans, 27s a Sastre, 28s a Basso, 29s a Menchov y a Wiggins, 42s a Andy Schleck, a quien habría doblado su compañero Cancellara si hubiera salido tras él. "Estoy contento", dijo.

No tan contento como Cancellara, por supuesto, que ya ha ganado cuatro prólogos del Tour (2004, 2007, 2009) que también propició que se instalara un escáner en la meta, una especie de altar con un ordenador portátil encima y unas cortinas azules protegiendo de la luz el hueco inferior, en el que se introducen las bicis marcadas por los comisarios con una cinta escarlata tan infamante como la letra por creer que merecen una revisión. Por el montaje pasaron 14 monturas. También, claro, la de Cancellara, la Specialized negra tan parecida a la de Contador. Pasado el control, el suizo, tan seguro con su dorsal 13 pegado en la espalda boca abajo, como en Londres 2007, para conjurar la mala suerte, tan contento consigo mismo como sólo un campeón de cabeza simple podría estarlo, aprovechó para responder con ironía a todos los lanzadores de rumores. "Fijaos", dijo, "he ganado con 10 minutos justos, ni un segundo más, ni uno menos, el tiempo que le he dicho esta mañana a mi compañero O'Grady. Le dije, '¿sabes Stuart? Hay que ganar con 10 minutos justos, porque es el tiempo exacto que dura la batería de la bici, así que tendré que acelerar un poco". Además de piernas y motor el tremendo suizo tuvo además la fortuna de que con la lluvia no se produjera ningún cortocircuito en la bicicleta y no se quedara electrocutado sobre el manillar...

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de julio de 2010