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PASE LARGO | SUDÁFRICA 2010 | Octavos de final: Alemania-Inglaterra
Columna
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Rio y la marea

Una Inglaterra cansada es una Inglaterra abocada a los problemas. Y esta Inglaterra demuestra un cansancio general que se advierte más en sus futbolistas determinantes, pero que se extiende a todo el conjunto. Eso, ante Alemania, le expone en exceso, sobre todo si le concedes la delantera en el marcador y la posibilidad de jugar al contragolpe. No es esta selección inglesa la más adecuada para remontar en el marcador. Su dispositivo, bien pensado de medio campo hacia delante, exigía ponerse por arriba en el tanteador y gestionar así de otra manera sus virtudes y sus problemas.

No ocurrió. Concedió la ventaja a Alemania y ahí empezó su vía crucis. Todos los recuerdos revoloteaban alrededor de la ausencia de Rio Ferdinand, lesionado en el camino hacia el Mundial. La falta de Rio dejó en evidencia la carencia de respuesta defensiva. La pareja de centrales Terry-Upson es demasiado novedosa para funcionar en estas circunstancias. Sin Rio, Inglaterra no podía encontrar el mar. Terry, en la derecha, porque Upson es zurdo, desajustó una defensa que resultó demasiado frágil. Un asunto determinante porque Inglaterra necesitaba tener el partido de cara y se encontró con un gol en una jugada incomprensible tras el saque del portero alemán.

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Si al cansancio de todos y la ausencia de Rio se añade la mala suerte en el gol legal de Lampard que no subió al marcador, la adversidad se convierte en una montaña demasiado alta y facilita que el contragolpe alemán se asemeje a una marea siempre peligrosa. Fue un querer y no poder de Inglaterra a pesar del buen encuentro de Lampard, bien ayudado por el dispositivo de Capello, que, con Barry y Milner como socios y Defoe ayudando lo suyo, permitió que el jugador del Chelsea se asemejara más que nunca al que triunfa en la Premier.

Pero ya era demasiado tarde. A Inglaterra le faltaba la frescura en todo el equipo, pero especialmente en los jugadores en quienes se confía para que ganen los partidos. Rooney ha llegado terriblemente agotado de la temporada y apenas ha aparecido. Sin frescura no hay chispa y sin chispa el fútbol tiende a la monotonía por muy visceral que sea la actitud.

La peor noticia para Inglaterra (amén del gol anulado) fue la presencia de Schweinsteiger, el auténtico líder alemán. Cuando lo vio en el planillo de las alineaciones, supo que su victoria se complicaba. Aun así, estableció los mecanismos para ganar. Pero los coches no funcionan con el tanque vacío por buenos y caros que sean.

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