SUDÁFRICA 2010 | Crisis en Francia
Columna
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Contra la moral

Los bares llenos, todos colgados del televisor, un camarero con tres banderas de Francia hechas con tiritas pegadas en la frente y las mejillas y un silencio de plomo cuando terminó el partido. Paradoja: la derrota ante Sudáfrica tal vez amaine la tormenta de insultos que llueve hace días sobre los jugadores franceses; suele a la ira suceder el desánimo o un dolor de verdad: "las furias y las penas", que decía Quevedo. Perezosos, animales, cretinos, descerebrados, son algunos calificativos que los jugadores galos recibieron desde la expulsión de Anelka y el psicodrama posterior. Francia, última en el Grupo A y fuera del Mundial.

"Hay que averiguar por qué ha sucedido esto", se desgañitaba el locutor de TF1. Pero la introspección ha comenzado ya: políticos, intelectuales, personalidades del fútbol y de áreas muy ajenas se la han pasado dando explicaciones en los diarios, las radios, por TV. Se habló de la arrogancia de los jugadores franceses, de su individualismo y falta de espíritu de conjunto, de la composición multiétnica del equipo, aunque no es tanta, con un tufillo a racismo. El filósofo Alain Finkiel- kraut fue tajante: "Esto es un reflejo de la sociedad en crisis". Y no pocas opiniones confluyeron en el mismo delta. Si así fuere, y más allá de la calidad de los equipos, habrá que pensar que Uruguay, México, Argentina, Chile, Eslovenia, Ghana, Paraguay y Brasil son países con sociedades perfectas, sin hambre, sin analfabetismo, sin desocupados ni gente sin techo, todo el mundo sano y en pleno desarrollo. Descartes no habría ido tan lejos.

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'Seleccionador' Sarkozy

Mme. Roselyne Bachelot, ministra de Salud y Deportes, pronunció palabras muy dramáticas. "Ya nada volverá a ser como antes", increpó a los jugadores; "quizás ustedes ya no serán héroes para nuestros muchachos. Ustedes han dañado la moral de Francia". Esta semana, miles de muchachos llenaron las calles de París celebrando la llegada del verano y la Fiesta de la Música. Saltaban, gritaban, aplaudían, acompañaban con la cabeza, los hombros y otras partes del cuerpo el ritmo de los conjuntos de rock que se explayaban en cada esquina. Hubo mucha alegría, mucha cerveza. Nadie hablaba de fútbol.

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