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Reportaje:SUDÁFRICA 2010 | Francia-Sudáfrica

"Puede que alguno se niegue a jugar"

Domenech comparece solo y explica que no sabe si podrá contar hoy con todos sus futbolistas ante Sudáfrica mientras Francia se avergüenza de su selección

De mal en peor. Así está la situación en la concentración de la selección francesa a medida que pasan los días. A la lista de calamidades que se suceden desde que el sábado se hicieron públicos los insultos que Anelka dirigió a Raymond Domenech tras perder contra México se sumaron ayer las declaraciones del propio técnico en una conferencia de prensa. El técnico dijo que no podía garantizar que todos sus jugadores vayan a acudir hoy al partido contra Sudáfrica.

Domenech, que es el entrenador que ha dirigido durante más partidos a les bleus, compareció solo ante los medios de comunicación. Junto a él no estuvo el capitán, Evra, como es habitual en las ruedas de prensa de los días previos a los partidos.

Para el técnico, el plantón de los jugadores fue "una imbecilidad"

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A la pregunta de por qué no estaba el lateral del Manchester United respondió: "Porque he considerado que las excusas, las explicaciones, todo lo que los jugadores hubieran querido expresar, no tiene ahora sentido. Lo que se espera de ellos es un comportamiento sobre el terreno de juego".

Cuestionado por la posición que ocuparán hoy en el encuentro los líderes del motín, entre los que se encuentra el propio Evra, Domenech respondió: "Solo pienso en hacer el mejor equipo posible con aquellos jugadores que hayan sido capaces de pasar por encima de todo esto. Es mi única preocupación".

Respecto al boicot al entrenamiento del domingo, en el que los jugadores se negaron a ejercitarse para expresar el rechazo a la expulsión de su compañero Anelka, Domenech dijo que se trató de "una aberración, una imbecilidad, una estupidez sin nombre".

El entrenador, que cuando acabe el Mundial será relevado por Laurent Blanc, explicó que durante 45 minutos intentó que los jugadores cambiaran de opinión: "Con los miembros de la federación tratamos de convencer a los jugadores de que, como integrantes de la selección francesa, no se podían permitir hacer eso [no acudir al entrenamiento]. Después, me dije que había que acabar con ese despropósito y cogí el comunicado, lo leí y me fui. Pero yo no avalo en absoluto ese texto".

En la nota que dedicaron el domingo a la prensa, los jugadores franceses aseguraban que comparecerían con normalidad a su cita de hoy con Sudáfrica, aunque Domenech no descartó una nueva acción de rebeldía: "A lo mejor algún jugador se niega a jugar. No sé qué equipo construiré en estas condiciones, pero seré yo quien confeccione la alineación".

Respecto a la polémica sanción a Anelka, que ha sido expulsado de la selección por la federación y ya está de vuelta en Londres, Domenech, que asumió su parte de responsabilidad en la crisis, se mostró contundente: "Apoyo completamente a la federación. Nadie tiene derecho a comportarse así ni en un vestuario ni en ninguna parte. Los deportistas de alto nivel deben ser un ejemplo importante".

Mientras tanto, toda Francia es un clamor. En la televisión, en la peluquería, en la calle, en los periódicos, en el mercado, en el metro, en el trabajo o viendo cualquier otro partido. No se habla de otra cosa (ni se va a hablar en días) que del calamitoso paso de su selección por el Mundial y de los sentimientos de "vergüenza", "indignación", "ridículo", "apuro" y "rabia", entre otros, que los jugadores del equipo más detestado de este país en este momento despierta.

Todos los periódicos llenaban ayer su primera página con el denominado "psicodrama" de les bleus. Mientras que los políticos franceses, hasta ahora a regañadientes y por lo general implicados con la selección, se apresuraban a desmarcarse de este grupo como de un pelotón de apestados.

Ahora nadie quiere pensar en el partido que se jugará hoy. Da la impresión de que a nadie le importa de verdad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de junio de 2010