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Reportaje:

El ritmo del hombre orquesta

César Freiría y su singular artefacto musical arrasan en las fiestas de Galicia

"Ahora me pillas en Sanxenxo y por la tarde tengo que tocar en Santiago, este mes hago doblete casi todos los días". La agenda de Cé, Orquestra Pantasma, el hombre orquesta más popular de Galicia, no tiene nada que envidiar a la de la Panorama. Con una salvedad: si hacemos el ejercicio de tapar el nombre del artista y ver sólo los lugares donde actúa, posiblemente no acertaríamos a clasificarlo. Desde festivales punkis a sardiñadas de San Xoán, pasando por fiestas hippies en Ibiza, fiestas históricas o actuaciones didácticas en colegios. "Es que tengo una banda versátil", bromea César Freiría (Valadares-Vigo, 1975), el músico al que hace dos años se le ocurrió este invento.

Freiría vivía hasta entonces de su trabajo como carpintero, que combinaba con tocar en formaciones de lo más variopinto: desde el histórico grupo de canción tabernaria A Roda hasta la banda punki Oxtiax Ke Te Pariu. Y esta trayectoria se nota en su repertorio, en el que entran versiones en gallego de La Polla Records o clásicos populares acelerados como O Gato, y A Carolina.

"Le copié alguna idea al hombre orquesta de 'Mary Poppins", confiesa

En dos meses, Freiría tiene una agenda con medio centenar de bolos

"Mi repertorio condensa todo lo que soy musicalmente, desde el folk hasta el punk español. Comencé esta etapa bromeando con Eskorbuto y alucino con la dimensión que ha tomado el invento", explica este peculiar músico, que además aplica sus conocimientos de carpintería para perfeccionar su vistoso artefacto. La Orquestra Pantasma, puede hacer sonar cuatro o cinco instrumentos simultáneamente: guitarra o acordeón en mano, armónica en la boca, pandereta en las piernas, y bombo, caja y platillos en la espalda, accionados a través de un complejo mecanismo de cables que suben desde unos tornillos clavados en los talones de las botas.

"Hay que romperse la cabeza un poco, soldar, atornillar, usar la radial, probar los cables... pero soy manitas e intento perfeccionar el sistema; ensayo mucho y también me equivoco", se sincera este músico, que indaga en otros hombres orquesta para analizar sus mecanismos. El último que ha analizado con detenimiento ha sido uno de los más célebres de la historia del cine, el personaje de Bert en Mary Poppins, encarnado por Dick Van Eyck. "Le copié un sistema para golpear el plato y la pandereta", confiesa este vigués, que también sacó tiempo de donde pudo para acabar la carrera de Magisterio musical.

La combinación de artefactos a lo Mary Poppins, fiesta y faceta didáctica, hace que uno de los públicos más agradecidos con su espectáculo sean los niños. "Una madre me contó que, desde que me vio actuar en el colegio, su hijo le estaba diciendo todo el tiempo que de mayor quería ser hombre orquesta, y no paraba de coger las tapas de las tarteras para atarlas con cuerdas y hacer experimentos", explica desternillándose. Freiría entiende la curiosidad que despierta en los chavales, "porque es un artefacto llamativo y con un punto clown". Tiene un repertorio específico para niños, de igual forma que tiene uno punki, uno de canción popular o uno sobre textos de poetas gallegos.

"Huyo del repertorio de orquesta. Vivo de esto, pero ganar dinero no es mi obsesión. Soy un músico popular, disfruto tocando y escapo de los escenarios, mi lugar natural es en medio de la gente". A pesar de todo, hasta lo llaman para bodas. "No me gusta hacer bodas, pero un chaval me llamó, yo tenía la agenda ocupada y cambió la fecha de la boda para que pudiese ir a tocar", recuerda este vigués que se está convirtiendo en paradigma del músico anticrisis. "Algunos se pican un poco porque no pare de tocar. Tengo un espectáculo en el que se ahorran cuatro o cinco músicos, pero cobro 400 euros, es asequible", explica el líder de Orquestra Pantasma, que en dos meses tiene más de medio centenar de actuaciones.

Al hombre orquesta le va bien el negocio, pero a veces lo invade la nostalgia: "Muchas veces echo en falta un grupo, porque aquí estás con todos pero no estás con ninguno". En el fondo, más allá de la fiesta y la diversión, ser hombre orquesta es un trabajo en soledad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de junio de 2010