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Crítica:LIBROS | Narrativa

Las hermanas de Bartleby

Hay una suerte de versión femenina de la progenie de Bartleby, una literatura del rechazo cuyas heroínas se niegan a plegarse a la voluntad del gobierno masculino. Para el héroe de Melville, la rebelión consiste en la voluntad activa de no rebelarse, en la inacción deliberada. Para sus hermanas, la voluntad de rebeldía se manifiesta no en no hacer nada, sino en hacer todo salvo lo que la tradición patriarcal exige. Desde Lisístrata a las tres poderosas mujeres de Marie Ndiaye, la salvación está en rehusar el rol pasivo, en no prestarse invariablemente al placer del hombre, en no permanecer ocultas, calladas, sumisas. Toda la obra de Ndiaye gira en torno a estas estrategias de poder.

Tres mujeres fuertes

Marie Ndiaye

Traducción de José Ramón Monreal

Acantilado. Barcelona, 2010

296 páginas. 20 euros

Tres dones fortes

Marie Ndiaye

Traducción de Anna Casassas

Quaderns Crema. Barcelona, 2010

288 páginas. 20 euros

Nacida en el sur de París, de padre senegalés y madre francesa, Ndiaye publicó su primera novela a los 18 años. Desde entonces, ha publicado ocho libros más, el último de los cuales, Tres mujeres fuertes, obtuvo en 2009 el prestigioso Premio Goncourt. Su obra teatral, Papa doit manger, fue incorporada al repertorio de la Comédie Française, la autora más joven así reconocida.

Es en el microcosmos de la familia donde Ndiaye hace actuar a sus heroínas, en escenarios que combinan el mundo suburbano tanto francés como colonial, y el mundo mítico del continente paterno, con sus historias de sangre, honor tribal y animales demoniacos. Ndiaye no conoció a su padre (y la tierra de su padre) hasta la edad adulta, pero esa geografía a la vez extraña y familiar está presente en todos sus libros.

Tres mujeres fuertes cuenta tres historias apenas entrelazadas: la de Nora, una abogada que, respondiendo a la llamada de su padre en Senegal, se ve obligada a defender a su hermano, acusado de asesinato; la de Khady Demba, criada en casa del padre de Nora, quien muere tratando de llegar a Europa después de ser obligada a prostituirse en una de las tantas aldeas fronterizas africanas; la de Fanta, prima de Khady, cuyo marido blanco, Rudy, rumia sobre una frase terrible que él le ha lanzado ("vuelve a tu tierra") y sobre las raíces de su racismo colonialista. Cada una de estas mujeres (Fanta siendo la única que no es la protagonista de su historia, sino la sombra invocada por el angustiado Rudy) parece al principio someterse a la voluntad de los hombres en su vida: Nora a la de su padre y de su hermano, Khady a la de los políticos, mercaderes y jefes de tribu, Fanta a la de su marido y su suegro. Pero estos son solo comienzos, porque, con rara habilidad, Ndiaye logra redimir a estas mujeres no a pesar sino a través de su agonía. Nora acaba encontrando una nueva identidad en el continente que creía ajeno y perdido, Fanta (y también Rudy) logra utilizar los prejuicios de la sociedad francesa para hacerse de una nueva y poderosa voz, y aun Khady, cuyo final es horrendo, muere intentando cambiar su suerte, es decir, sabiendo que su obligación vital es la rebelión activa, el rechazo de la infamia. En el momento de su muerte, Khady ve un pájaro volar por encima de la reja de su encierro, y dice: "Soy yo, Khady Demba, soñó respondiendo a la sorpresa de esta revelación, sabiendo que era ella el pájaro y que el pájaro lo sabía". Como buena hermana de Bartleby, esa revelación final es solo suya.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de junio de 2010

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