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Crítica:ESPECIAL FERIA DEL LIBRO DE MADRID / Narrativa

Viajeras

Como su título anuncia, Compañeras de viaje, este libro de relatos -el quinto de Soledad Puértolas- reúne 15 piezas que narran la experiencia del viaje vivida por mujeres de muy distinto tipo, edad y condición. No son viajes aventureros ni exóticos, y no es casual que el primero de ellos, 'Música', trate de los incidentes comunes y corrientes -una avería, por ejemplo- que pueden sobrevenir en un viaje en coche de Madrid a Galicia de una familia media que se va de vacaciones. Hay también viajes de juventud, el de la joven que se marcha a Inglaterra a trabajar de au pair un verano y descubre el swinging London, o el de otra que decide visitar a dos amigos universitarios "exiliados" en el París de los años setenta por su actividad política durante la dictadura. En otros relatos, las mujeres acompañan a sus maridos en sus viajes de negocios o a los países adonde se trasladan por motivos profesionales, afrontando un buen puñado de "tiempos muertos", propicios a la soledad y la espera. Otras mujeres viajan solas y con un propósito previo -descansar, distraerse- que se verá truncado porque otros viajeros entran en sus vidas y luego se van dejándoles la imagen de una mano "desnuda, mirando hacia el suelo". En ocasiones, ellos o ellas se encuentran con una compañera inesperada: la extrañeza. Y casi todos los viajeros regresan ligeramente transformados, con un bagaje vital más rico del que portaban al partir.

Compañeras de viaje.

Soledad Puértolas. Anagrama. Barcelona, 2010. 217 páginas. 18 euros

Más que la acción, en los relatos cuenta la situación. De ahí la cuidadosa recreación -muchos viajes se narran desde la posterior evocación o recuerdo- de ambientes, espacios, personajes o detalles, y la fina exploración de emociones y sentimientos. Buen ejemplo de ello lo tenemos en 'Espejos', que transcurre en la casa de la protagonista, y que es uno de los más breves, a la par de los más inquietantes e intensos. O el titulado 'Masako': un relato casi estático, que en buena parte transcurre en la interioridad y la fantasía de una mujer que se llama, precisamente, Alicia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de junio de 2010