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Reportaje:ESPECIAL FERIA DEL LIBRO DE MADRID | Biografía

Razón y pasión de Simone de Beauvoir

Danièle Sallenave rellena los vacíos existentes en toda la obra de la escritora, atendiendo a lo que dice, y sobre todo a lo que no dice. Su biografía permite además acceder a una época en la que los intelectuales representaban la conciencia de la sociedad.

No es fácil adentrarse en una vida como la de Simone de Beauvoir tan regida, como la de Sartre, por la idea de destino. Simone de Beauvoir se prometió a sí misma, ya en la adolescencia, crearse una poderosa coraza y al mismo tiempo se prometió una cierta desnudez, un cierto despojamiento moral y emocional, a la manera en que lo proponía Michel Leiris en La literatura considerada como una tauromaquia, reflexión que la incitaría a escribir sus memorias.

Pero ¿las corazas pueden ser compatibles con la desnudez? En cierto modo sí. Para poder vivir, y para poder triunfar (y Simone se vio desde muy niña como triunfadora) en un mundo de hombres se exigía mucha fortaleza, circunstancia que no le iba a impedir explorar todas las formas de la mentira y la verdad, con generosidad, con obcecación, con rebeldía, con odio, con amor, con rabia y a veces también con desesperación.

Simone de Beauvoir. Contra todo y contra todos

Danièle Sallenave

Traducción de María Cordón Vergara y Malika Embarek López

Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores

Barcelona, 2010

640 páginas. 30 euros

Ya en su juventud se dio a sí misma la siguiente orden: "Construiré una fuerza en la que me refugiaré para siempre"

A lo largo de seiscientas apretadas páginas, Danièle Sallenave va indagando en los vacíos que dejan todas las obras de Simone de Beauvoir, desde los Cuadernos de juventud a La ceremonia del adiós, atendiendo a lo que dice, pero también y sobre todo a lo que no dice, porque no pudo o porque no quiso. "No pienso contarlo todo", avisó en su momento Simone de Beauvoir, pero, como asegura Danièle Sallenave, a veces puede ser difícil creer que la autora de Los mandarines no lo contó todo, pues la escritura de la Beauvoir tiende a ser un tejido sin fisuras, claro y contundente, sin demasiados rodeos y a la vez apoyada en una sólida construcción, sometida a un objetivo constante que ella misma definió precozmente de la siguiente manera: "A los quince años deseaba que algún día la gente leyera mi biografía con emotiva curiosidad; si quería convertirme en una autora conocida era con esa esperanza. Después pensé, a menudo, escribir yo misma mi vida". Ese mismo año vuelve a insistir en su deseo de ser una "escritora célebre". Simone codicia ese futuro "por encima de cualquier otro", y desea una gloria "tan íntima como universal". Más tarde, cuando decida al fin escribir sus memorias, volverá a la concepción original, anclada en su adolescencia, y a su decisión de "hacer de su vida una experiencia ejemplar en la que se refleje el mundo en su totalidad". Como vemos, nunca le faltó ambición.

Ya en los Cuadernos de juventud, escritos hacia los dieciocho años, Simone de Beauvoir se juzgaba a sí misma con rabia, con crudeza, con distancia, con proximidad..., y ya entonces hacía balances, examinaba sus posibles progresos, iba construyendo, voluntaria y ardientemente, su propio destino, con un rigor tan constante como inimaginable en nuestros días.

A través de las exploraciones oblicuas y exhaustivas de Danièle Sallenave, de sus idas y venidas, de su mirada incisiva sobre los momentos en que la vida de la Beauvoir hace ángulo consigo misma, vamos conociendo sus amistades, sus amores, sus fobias, sus iras, su anhelo de conquistar la más alta coherencia y la más clara articulación de la vida y de la obra, su ironía, su sarcasmo, sus mentiras, sus verdades, su lucha incesante por una nueva definición de la mujer y por un nuevo universo pasional: todo un mundo individual y colectivo desplegándose ante nosotros y permitiéndonos acceder, no sin asombro, a una época, hoy abolida, en la que los intelectuales representaban la conciencia de la sociedad; estatus que mantuvieron aún en el periodo estructuralista, y que se desmoronó con la llegada de la posmodernidad, la descomposición del criterio, y la corrosión de todo un sistema de valores y jerarquías profundamente tributarias del humanismo (incluso del humanismo existencialista), al que nunca fueron ajenos ni los intelectuales de posguerra ni los de más tarde. Entre ellos hubo auténticos mandarines: Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir lo fueron, y ni les faltó relevancia ni les faltó autoridad. El excelente libro de Danièle Sallenave da buena prueba de ello, a la vez que nos muestra los pliegues de una mujer que ya en su juventud se dio a sí misma la siguiente orden: "Construiré una fuerza en la que me refugiaré para siempre". Hay algo de aterrador en estas palabras que nos muestran una voluntad férrea y decidida a determinar la propia vida, "tallándola" con placer y con ira sobre la intransigente "roca de los días". Las mentiras que pudo perpetrar respecto a su relación con Sartre estaban guiadas por ese empeño de hacer de su existencia, y de la de Sartre, una experiencia demasiado ejemplar, olvidando que la realidad nunca es tan simbólica como el deseo.

La vida de los creadores no tiene fin

El género biográfico y memorialístico sigue su conquista imparable en España. Hace muy poco la historia era otra: los españoles no leían muchas vidas ajenas. Además de haber muy pocos autores españoles que se dedicaran al género al estilo exhaustivo anglosajón. Pero esto empezó a cambiar a fines de los noventa y se ha afianzado en el XXI, ya no solo con vidas sobre políticos y personajes populares sino, y sobre todo, con gente del mundo de la creación, las artes y el pensamiento. Una prueba de ello es que varios de los libros más destacados de la temporada, y por ende, de la 69ª Feria del Libro de Madrid, pertenecen a este género. Dos de las estrellas son Carmen Laforet. Una mujer en fuga, de Anna Caballé e Israel Rolón (RBA), y Simone de Beauvoir. Contra todo y contra todos, de Danièle Sallenave (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores). Otras aproximaciones a escritores, intelectuales y artistas a través de biografías: El oficio del poeta Miguel Hernández, de Eutimio Martín (Aguilar), y Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta, de José Luis Ferris (Temas de Hoy). Libros que alumbran rincones de la vida del poeta en el centenario de su nacimiento: José Saramago. La consistencia de los sueños. Biografía cronológica, de Fernando Gómez Aguilera (Fundación César Manrique). Seguimiento sosegado y directo del Nobel portugués: Robert Walser. Una biografía literaria, de Jürg Amann (Siruela). La vida del escritor suizo trenzada con su pensamiento: La vida de André Bretón. Revolución de la mente, de Mark Polizzotti (Fondo de Cultura Económica y Turner). Una lupa sobre el "papa negro del surrealismo": Charles Maurras. El caos y el orden, de Stéphane Giocanti (Acantilado). Uno de los intelectuales que más influyó en la creación y la estética de principios del XX: Caravaggio, de Helen Langdon (Edhasa). Recuperación de un clásico sobre el gran artista italiano. En el apartado de autobiografía y memorias destacan: Verano, de J. M. Coetzee (Mondadori); Partirás al amanecer, de Wole Soyinka (RBA); Autobiografía sin vida, de Félix de Azúa (Mondadori); La novela de la memoria, de José Manuel Caballero Bonald (Seix Barral), y To be or not to bop. Memorias de Dizzy Gillespie (GlobalRhythm).

Winston Manrique Sabogal

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de mayo de 2010

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