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Reportaje:

Arte en la tienda del barrio

Comercios del Agra do Orzán, en A Coruña, exhiben esculturas, cuadros y fotos

Evocadoras fotografías de instrumentos musicales ornamentan las paredes de un taller mecánico. Una ristra de dibujos de un sonriente cerdito saluda desde la entrada de una carnicería. Una mesita rosa con decoración de cristal un tanto kitsch preside el recibidor de igual color del diminuto negocio de una costurera, quien explica, orgullosa, a los clientes que se trata "de una escultura". Ilustraciones urbanas en blanco y negro se intercalan entre las piernas de un regimiento de vetustos maniquíes femeninos. Creaciones artísticas de todo tipo y estilos han tomado las calles y locales comerciales del Agra do Orzán, el barrio más poblado de A Coruña.

Hasta finales de mes, el festival artístico Paralelo 43º 21' 45'' anima el comercial y transitado entorno del mercado de As Conchiñas en un intento de "reconciliar el arte con la sociedad" y de dar visibilidad no sólo a la creación de primerizos o ya asentados artistas sino también a la urbanizada ala oeste de la ciudad. Carentes de cualquier recinto cultural, los vecinos y comerciantes de un barrio inexistente en las guías turísticas de A Coruña se han volcado en participar en esta sorprenden iniciativa promovida por tres colectivos deseosos de descentralizar el arte y sacarlo fuera de los circuitos convencionales que constituyen museos y galerías.

El mecánico José quiere ayudar a los creadores "que están empezando"

Cincuenta escritores regalaron poemas con los recibos de compra

"Hay que sacar de contexto el arte, cada obra tiene un público que no tiene por qué pasar por un museo o la criba de un galerista", ahonda Xacobe Meléndrez, uno de los artífices de este festival montado por Arteu, BGR y 5celula con el apoyo activo del Ayuntamiento.

La iniciativa incluye sábados temáticos en los que se suceden actividades y actuaciones diversas en la calle para pequeños y mayores, como las obras teatrales, las sesiones de cuentacuentos y juegos infantiles culturales que se desarrollarán mañana hasta las diez de la noche en una jornada dedicada a las artes escénicas. Mañana el festival concluirá con una oferta variada de artes plásticas y visuales que incluirá proyecciones de documentales al aire libre, talleres de grabados o para aprender a realizar bisutería de reciclaje, así como una sesión de reggae y grafiti.

"Vender yo no les vendo, sólo les di la oportunidad de mostrar sus obras, hay que colaborar", explica con parsimonia la dueña de Confecciones Tato, situada en un lateral del mercado. En su enorme escaparate setentero, entre erectos maniquíes de otra época y una amplia oferta de prendas tradicionales descatalogadas y ajenas a los vaivenes de las modas, se exponen este mes cuadros en blanco y negro, modernas fotografías de chillones rojos y naranjas.

Entre grasa, pistones, ruedas y recambios, el mecánico del taller Pastoriza, José, corrobora su voluntad de "ayudar a los que están empezando" en el difícil mundo del arte y la cultura. "Yo de pintura no entiendo nada, pero bonitas, estas fotografías, sí que son", comenta sobre las grandes imágenes que se exponen en su negocio. Aunque duda de que el arte realmente luzca en las paredes de un taller de coches. Su hija Begoña es artista, explica, y expone sus litografías y serigrafías en una peluquería cercana, colgadas del techo.

En total, son medio centenar de artistas noveles, o ya con cierta trayectoria y premios, los que desplegaron sus obras por unos 45 establecimientos comerciales del Agra do Orzán. Se prestó al juego todo tipo de locales de un barrio obrero y con gran concentración de inmigrantes africanos donde aún perduran esas típicas tiendas de toda la vida que desaparecieron del centro de la ciudad.

En una diminuta verdulería, el escaparate hace sitio cuando puede a fotografías de miradas colocadas en una caja de frutas. Un pequeño negocio de fotocopias vació su vitrina para engalanarla con arte, como si una galería se tratase. Una farmacia, tiendas de ropa o de telas, y una óptica son otros de los establecimientos en los que, además de varios bares, aceptaron hacer hueco a fotografías, pinturas, esculturas e incluso vídeos o maquetas de autor.

La iniciativa también busca revitalizar un barrio comercial y popular muy tocado por la crisis, destaca Meléndrez. "El arte en estas épocas difíciles siempre sale en defensa de los intereses de la comunidad". Nadie sabe si el festival tendrá continuidad y se repetirá el año que viene, pero esta primera edición resulta exitosa, tanto por parte de los comerciantes, inicialmente desconfiados y ahora "encantados", como de los artistas. Medio centenar de escritores y poetas participaron el pasado sábado en los recitales literarios que incluyeron el regalo de un poema en cada recibo de la compra en el mercado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de mayo de 2010