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El apagón de Girona ilumina Italia

Unas 3.000 toneladas de astillas de los árboles rotos por el temporal de nieve generan electricidad en una central de biomasa en Cerdeña

Unas gaviotas sobrevuelan una montaña de astillas de seis metros de altura al final del muelle del puerto de Palamós (Baix Empordà). Varios troncos todavía enteros aguardan apilados a su lado. Hace sol y suena el mar golpeando contra el espigón. En breve llegará la trituradora y machacará lo que queda. Son restos de la nevada del 8 de marzo que destrozó 120.000 hectáreas de bosque y dejó a 220.000 personas a oscuras. Parte de ese bosque hecho trizas aguarda en Palamós a que llegue un barco y se lo lleve a Italia. Una central de biomasa de Enel, en Cerdeña, lo convertirá en electricidad. "Serán ceniza, mas tendrá sentido", que decía Quevedo.

Miquel Soliva, de 44 años, es el responsable del poético destino de los árboles. Sólo de la nevada, ha enviado a Italia unas 3.000 toneladas. En el despacho del consignatario del buque que lleva la madera a Portovesme, rodeado de cachivaches relacionados con el mar, cuenta el origen de su negocio. "Todo empezó con un incendio que quemó parte del Empordà en 2006. Los fabricantes de tableros ya no cogían más madera, pero había que hacer algo con eso. A través de contactos con clientes italianos, decidimos empezar a exportar". Al principio enviaba unas 25.000 toneladas anuales. Este año espera alcanzar las 70.000.

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La empresa familiar Forestal Soliva es la única en Cataluña, y de las pocas en España, que se dedica a exportar madera para quemarla en centrales eléctricas de biomasa. Recogerla, triturarla y transportarla hasta Palamós le cuesta entre 40 y 43 euros.El alquiler del barco lo asume Enel, que acaba desembolsando unos 65 euros por tonelada. A las manos de Soliva sólo llega una parte de ese dinero. "¿Tengo que decir cuánto?", pregunta, apurado. Al final confiesa que no llega a los 50 euros.

Para que la madera de los árboles produzca energía, primero hace falta un complicado proceso de recolección y reducción a astillas y llevar la materia hasta el puerto de Palamós. Soliva se hace cargo de todo eso, a cambio de la materia prima que luego vende. Cuando el propietario del bosque recolecta la madera con sus propios medios, entonces la empresa gerundense paga también por el producto. En el mejor de los casos, 18 euros por tonelada de una madera bien cortada y bien puesta, de manera que Soliva sólo tenga que pasarla por la cuchilla y meterla en el tráiler.

Pero los restos que ha dejado la nevada son un punto y parte. El Ayuntamiento de Palamós habilitó un lugar en el puerto para que sus brigadas y las personas que quisiesen llevasen los troncos y ramas. El lugar funcionó hasta el 16 de abril. Todo fue a parar a Soliva, que se ahorró ir a buscarlo. Además, el empresario está negociando convenios con Ayuntamientos y propietarios por los que él se queda con la subvención de la Generalitat (que aprobó ayudas por valor de ocho millones) y a cambio limpia los bosques y da salida a la madera.

¿Es un negocio redondo esa masa forestal subvencionada? "He perdido dinero", asegura. La madera no es de la mejor calidad posible, porque son ramas y hojas, en su mayoría, que Soliva tiene que mezclar con otra de más calidad. Antes de que cada barco cargue las cerca de 4.500 toneladas que transporta, una empresa analiza la composición de la astilla y Enel paga a un precio u otro, en función de la materia prima. "No es para hacerte de oro", insiste Soliva, que calcula que estará dos años comerciando con madera de la nevada.

El problema es que no existe una central eléctrica de biomasa en Cataluña. "Italia es lo que queda más cerca", cuenta el empresario. Por ahora el negocio le da para mantener una empresa de 15 trabajadores, más otros 10 extra que ha contratado para enmendar los desastres de la nevada. Soliva sostiene que es un tipo de comercio que conlleva mucho riesgo porque la madera hay que sacarla del bosque y no se sabe nunca cuánta habrá ni cuánto costará conseguirla.

El último barco zarpó de Palamós el 19 de abril con 4.800 toneladas de astillas. Todo un éxito de carga. El siguiente buque se espera que llegue hoy. Durante dos días los trabajadores irán apilando la madera cortada a trozos dentro del navío y la irán apretando para que quede compacta y haya más espacio. La intención es transportar unas 4.500 toneladas. El miércoles está previsto que la embarcación se eche a la mar. Soliva ya podrá respirar tranquilo. Una vez que se cierra la escotilla, lo que pase con esa madera ya no es cosa suya. Durante dos días el bajel surcará los mares hasta Portovesme. Allí la madera caída por la nevada que dejó a oscuras Girona servirá para iluminar Italia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de mayo de 2010