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Necrológica:

Petrita Tamayo, la monja que fue estrella de la radio

Ganó el primer Premio Ondas tras presentar el Festival de San Sebastián

Petrita Tamayo (San Sebastián, 1928) fue una célebre locutora de radio. De voz aterciopelada y físico imponente, cambió repentinamente el rumbo de su vida y en 1961 tomó los hábitos para convertirse en la madre María del Mar. Dejó el micrófono y las tertulias cuando sintió la vocación religiosa e ingresó en la orden de San José de la Montaña, destinada a Valencia, donde murió el pasado sábado, 17 de abril, a los 82 años.

Nacida en la capital guipuzcoana en 1928, comenzó su carrera en los años cuarenta en Radio San Sebastián, donde trabajó hasta 1956, y en la que destacó por su faceta cómica con el mítico personaje de Hada Palabrita. Además, fue la primera presentadora del Festival de Cine de San Sebastián, lo que le valió el primer Premio Ondas que se entregó, en 1954. "Era una mujer brillante e inteligente", recuerda Félix Gamarra, de 88 años y director de Radio San Sebastián cuando trabajaron juntos, entre los años cuarenta y cincuenta.

Sorpresa por su vocación

Su popularidad fue tan grande que la trasladaron a los estudios de Radio Madrid en la capital, donde trabajó junto a figuras como Boby Deglané y Manuel Aznar Acedo en programas como El puente de los suspiros y Cabalgata del fin de semana. Se convirtió en una de las estrellas radiofónicas del momento.

Quienes la conocieron recuerdan su voz "aterciopelada" y también su belleza: pelo negro, ojos grandes y cintura de avispa. En el momento culminante de su carrera abandonó la radio y se marchó a Valencia, donde ingresó como religiosa con el nombre de María del Mar. Era el mismo que solía emplear como seudónimo en algunas alocuciones radiofónicas. "Fue una sorpresa para todos cuando nos enteramos de su decisión. Nadie se lo podía imaginar", señala Gamarra.

En su aventura mística le acompañaron sus hermanos, que quisieron vivir cerca de ella. Sus hermanas murieron, pero su hermano aún vive en la comunidad de San José de la Montaña. Cuando Petrita Tamayo terminó el noviciado, estudió teología y trabajó como profesora de religión en un colegio. Aún recuerdan sus festivales anuales. "Cuando cogía el micrófono no había otra como ella. Tenía mucha soltura y se sentía como pez en el agua. Cuando estaba decaída, hablar en público la animaba. Era maravillosa y dulce", recuerda la hermana Rosa María.

Los domingos, muchos vecinos acudían a la misa donde la madre María del Mar leía los textos previos al Evangelio, atraídos por esa voz radiofónica que moldeó en su juventud y que no perdió, a pesar de los años, entre los muros del convento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de abril de 2010