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Reportaje:

Correcaminos Walcott

El Arsenal recurre a la velocidad de un jugador que se ve capaz de ser olímpico en los 100m

Cuando se desata las piernas no hay quien le eche lazo. En un juego coral y colectivo como el del Arsenal, Theodore Walcott (Londres, 1989) es la mejor alternativa en caso de embrollo. "En un equipo que juega al pie, Walcott lo hace al espacio", señala Pep Guardiola, técnico azulgrana. De padre jamaicano y madre británica, Theo entremezcla los genes del velocista con los de la verticalidad. Él desatascó al Arsenal frente al Barça en el Emirates (2-2), aunque Guardiola es contundente: "Para que lo tengamos claro, Walcott no fue el factor determinante, sino Almunia, que paró 12.000 balones". Pero a Walcott se remite Arsène Wenger para sorprender hoy en el Camp Nou. Es, en cualquier caso, la asignatura pendiente del jugador londinense, desde hace años el futuro pero no el presente de Inglaterra.

Exageradamente explosivo, se mostró al mundo en 2008, en los cuartos de final de la Champions; en un eslalon de área a área, que dejó por el camino a Alonso, Aurelio, Hyppia y Mascherano, regaló el gol a Adebayor y la clasificación gunner. El Barça lo tiene claro. "¡Es rapidísimo!", exclama Puyol. "Y siempre mira hacia adelante", interviene Pedro. "Si se pone a correr, es más rápido que todo el equipo junto. No lo paras ni con pistola", amplía Guardiola. Preguntado de manera directa, el propio interesado confesó en la sala de prensa del Camp Nou: "Corro los 100 metros en 10,30s o 10,40s, por lo que igual podría ser olímpico". Wenger, a su lado, bromeó: "Yo lo hago en 17 segundos, por cierto".

"Si le ganas pronto a la defensa en una carrera, le das algo en lo que pensar para todo el partido", explicó Walcott. Pero falla en los espacios reducidos y en la definición; ha jugado 152 partidos oficiales con un saldo de 22 goles y 17 asistencias. No es demasiado si se atiende a la gran expectación que despierta desde bien niño.

Como siempre perseguía a una pelota, su padre, Don, lo inscribió en el Newbury (Berkshire). Cien goles en una única temporada bastaron para que lo fichara el Swindon Town, que lo curtió antes de que el Southampton lo fichara. Con 14 años, Walcott ya tenía un contrato con Nike y al ex futbolista George Prost -ahora director deportivo del Lyon- como técnico, fiel a los principios de la escuela francesa de Clairefontaine, que ha sacado talentos como Gallas, Anelka, Henry o Diaby. "Hacía lo que otros no podían con la pelota atada a los pies", revela Huw Jenning, entonces jefe de la academia de Southampton y ahora del Fulham. Tras debutar con apenas 17 años en la Ligue One de la mano de Harry Redknapp -"Es como Henry", le definió-, tuvo ofertas del Chelsea, Tottenham, Arsenal y Mufc. Aunque se decantó por el Arsenal -18 millones de euros-, hubiese preferido el Liverpool, club del que es hincha junto a su padre y donde se formó su ídolo Owen. Precisamente, se le comparó con Owen y su gesta de 1998 al desgajar a Argentina, cuando Sven Goran-Eriksson le citó para el Mundial 2006 sin haber debutado en la Premier. Walcott celebró la noticia con una partida de monopoly con su padre y un amigo. "No fumo ni bebo; sólo quiero ser un gran futbolista", defiende Theo, que vio el Mundial desde el banquillo. Le falta un paso.

Si bien es cierto que en septiembre pasado logró un hat-trick ante Croacia, Walcott no acaba de despuntar, quizá mermado por una operación de hombro y una engorrosa lesión de rodilla que no le han permitido alcanzar más de 30 partidos por curso. Pero si corre, no para. "Es un referente en el ataque, un jugador distinto", dice Valdés. "Hay que estar pendientes porque la puede liar", añade Pedro. "En carrera no le ganamos. Así que, como recibe al espacio, son muy importantes las ayudas defensivas", subraya Puyol. "Sólo se le puede detener si le quitamos la pelota al Arsenal", zanja Guardiola. Walcott es realista, como demostró tras la exhibición azulgrana en el Emirates. "Viendo el partido, sacamos el mejor resultado posible". Firmado, eso sí, por su velocidad. Toca el Camp Nou.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de abril de 2010