Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Necrológica:

Jorge Villamil, compositor colombiano

Varias décadas antes de que los colombianos Carlos Vives, Shakira o Juanes se hicieran populares en su país y en el exterior, Jorge Augusto Villamil Cordovez ya se había encargado de abrirles paso.

Más de 200 canciones compuestas por Villamil, nacido el 6 de junio de 1929 en el Departamento del Huila, al sur de Colombia, lo convirtieron en uno de los primeros artistas de ese país en traspasar las fronteras.

La proyección internacional de este médico de profesión, pero artista de vocación, fallecido el pasado 28 de febrero, llegaría de la mano del mexicano Javier Solís, quien al escuchar su canción Espumas, decidiría grabarla en 1962, pero en versión de bolero ranchero: "Amores que se fueron / amores peregrinos / amores que se fueron dejando en tu alma negros torbellinos. / Igual que las espumas / que deja el ancho río / se van tus ilusiones siendo / destrozadas por el remolino". Sólo de esta canción se han hecho más de 80 versiones en todo el mundo.

De su canción 'Espumas', de 1962, se han hecho decenas de versiones

Retrató el mundo rural y los conflictos políticos de los setenta

Después, otros temas suyos como Me llevarás en ti, Los Guaduales, Llamarada y Oropel, grabados por reconocidas agrupaciones entre ellas el Mariachi de Guadalajara y las orquestas sinfónicas de Tokio y Moscú, así como por los solistas internacionales Vicente Fernández, Chavela Vargas, Juan Erasmo Mochi, Emilio José, Leo Marini o Felipe Pirela, harían de Villamil un compositor universal.

En su historia musical recibió múltiples reconocimientos y discos de oro y platino y condecoraciones de los Gobiernos de Chile, México y Puerto Rico. También recibió una Palma de Oro en Hollywood, y el título de Compositor de las Américas y el Mundo Latino entregado en 1979 por la Asociación de Periodistas del Espectáculo de Nueva York.

Compuestas en ritmos de bambucos, pasillos, guabinas y sanjuaneros, entre otras expresiones musicales del folclore andino colombiano, la mayoría de las letras de sus canciones retrataron la Colombia rural, esa a la que conoció en la infancia, siendo el menor de siete hermanos, criado entre los cafetales de la casa El Cedral, la hacienda huilense donde nació y dejó gran parte de sus recuerdos: "Viejo y amplio caserón de recuerdos tan queridos / donde los cercos de piedra y añosos troncos de sauce duermen en silente olvido", sería uno de los versos que dedicaría después a este lugar.

Villamil también le compuso a la Colombia que recorrió como médico ortopedista y traumatólogo cuando trabajaba en el órgano de la salud pública, el Instituto de Seguros Sociales. En sus letras describía desde los paisajes hasta los conflictos políticos y sociales que por la década de los sesenta y setenta se hacían cada vez más latentes, como el surgimiento de las guerrillas. En el bambuco El barcino, por ejemplo, trae la imagen de un torete llamado El Confite, que sobrevivió al fuego cruzado entre los insurgentes y el ejército. En ella hace mención a Pedro Antonio Marín, un antiguo jornalero de El Cedral que ya perfilaba un claro liderazgo antisistema, y que posteriormente pasaría a la historia con el alias de Tirofijo, el jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Jorge Villamil alternó la música con su especialidad hasta 1972, cuando definitivamente optó por dedicarse a tiempo completo a la composición. La decisión la tomaría una mañana en la que atendiendo a un alto ejecutivo bogotano al que le dolía la cintura, le llamó su colega Lucho Bermúdez, el principal responsable de que la cumbia y el porro se convirtieran en estandartes de la música colombiana en el mundo, preguntándole por la letra de Oropel: "No vuelvas a decir jamás / que has triunfado en la vida / en cosas de fortuna / o en cosas del amor /. Porque si apuestas una vez / y pierdes la partida / hoy juegas la ruleta / y en sus vueltas locas / ganas oropel".

Estando en ésas le interrumpieron. Era su paciente espetándole: "doctor yo vine a que me cure, no a que me cante", contaría después de manera jocosa en una entrevista. Desde ese día nunca más ejerció la medicina.

El maestro Villamil no sólo consiguió lo que muy pocos colombianos lograron a mediados del siglo pasado, sino que además, él era un analfabeto musical. Los 31 valses, 24 pasillos, 24 sanjuaneros, 23 bambucos, 17 boleros, 15 rajaleñas, 8 pasajes, 5 guabinas, 5 bambucos fiesteros, 4 porros, 3 paseos, 2 cumbias, 2 baladas, 2 boleros morunos, 1 bolero ranchero, 1 calipso y 1 pasodoble, fueron canciones hechas de pura memoria.

Aquejado durante 50 años de diabetes, Jorge Villamil Cordovez nunca renunció a la música y a la defensa del folclore colombiano, aunque entendía que la música había cambiado y que los aires de renovación eran necesarios, siempre fue optimista al pensar que los nuevos autores colombianos no perderían las tradiciones, el amor y el respeto por los compositores tradicionales.

Éste era el sueño de un hombre que nunca perdió su sentido del humor, que para quedar sonriente en las fotos en lugar de whisky decía "Aracataca".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de marzo de 2010