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Crítica:MÚSICA | OIGO LO QUE VEO

Escribir de ópera

Ha aparecido estos días un libro de Jorge Fernández Guerra, Cuestiones de ópera contemporánea, que parte del anuncio, cargado por el diablo y emitido por quien le convenga, equívoco donde los haya -y él lo demuestra-, de la muerte del género. Fernández Guerra, que sabe lo que es el oficio, repasa sus desastres y sus logros, su devenir por un siglo cuyos creadores se enorgullecen de romper la tradición -lo que les facilita enormemente las cosas- sin renunciar a la denominación de origen y mientras buena parte del público y hasta de la crítica les da estopa a mansalva. Mucho hace pensar este libro que repasa el estado de la cosa con rigor y conocimiento. Por ejemplo en la cuestión de la ópera española que, de puro irresoluta, nos lleva a la casi gana de que nos olvidemos de ella para siempre. Damos lo que damos, antes y ahora, y el público -protagonista de la apoteosis final del libro- ha mandado esa ópera española al cuerno en reiteradas ocasiones, lo que se nos explica con prudencia y buena educación por parte del autor, que quiere, que debe ser generoso. Yo no sé a un belga o a un portugués, por decir algo, pero si a un español le preguntan por una ópera patria que le suene, de la que pueda decir que es de lo bueno lo mejor, se quedará mudo. Qué le vamos a hacer. Y no será porque no lo intentamos con búsquedas, ediciones críticas, recuperaciones y fantasías acerca de lo que pudo ser y no fue para que al final todo quede en poca cosa, que Carnicer era muy bueno. La ópera del siglo pasado dio, mientras agonizaba, una cantidad de obras maestras impropias de un casi cadáver. La del XXI, se supone, hará lo propio mientras alguien pague la factura de la UVI. Fernández Guerra concluye su libro refiriéndose al público, tomando un riesgo que le es cercano, pues conoce por su trabajo -director del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea- la disposición de ese mismo público para lo bueno y que no siempre coincide con la del puro gremio. Es aleccionador el texto de Fernández Guerra y un ejemplo de cómo acercarse a la ópera del siglo XX sin aprioris y queriendo hablar claro. Sólo le reprocho el muy pequeño detalle de comparar a John Adams con Michael Nyman, con lo que si quería castigar al primero, lo consigue. Como el de Alex Ross, supongo que a parte de la profesión este libro le parecerá demasiado liviano. Con lo cual estaremos de nuevo en las mismas, rodeados de opinadores a toro pasado o de ofendidos porque en el índice onomástico -que, por cierto, aquí no hay- salen menos veces de lo que a su entender merecen. El lector agradecerá, por cierto, el recuerdo a aquel magnífico La ópera y su estética de Fernando Herrero que publicara el Ministerio de Cultura en 1982.

Cuestiones de ópera contemporánea. Jorge Fernández Guerra. GCG. Madrid, 2009. 198 páginas. 15 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de marzo de 2010