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COLUMNA

Deseos

Fernán-Gómez solía afirmar que la mayor satisfacción de su trabajo de actor la experimentaba cuando la función o el rodaje se suspendían. Suspender era para él la mayor hazaña laboral. De hecho, cuando se levantaba por la mañana un día de rodaje, miraba por la ventana con curiosidad a ver si caía una nevada espectacular o pasaba un tornado y con un poco de suerte el trabajo se suspendía. Pues Buenafuente logró ese sueño el lunes pasado gracias a la impresionante nevada que cayó sobre Cataluña. Enhorabuena, Andreu. Suspendió el programa. Una vez más, las infraestructuras y especialmente las compañías eléctricas que sin apenas ánimo de lucro cumplen con la esforzada misión de llenar de vatios los hogares catalanes, han dejado tiritando a la población. En lugares de Girona ha habido gente que ha sobrevivido a cuatro días sin luz ni calefacción y, por tanto, sin televisión. Ojalá que en la mayoría de los casos ni la tentación del canibalismo ni la pelea por la supervivencia hayan impedido que las extremas condiciones sirvan también para unir más a los seres queridos.

En el caso del programa suspendido de Buenafuente, Berto y sus compañeros que se quedaron aislados en el plató pudieron grabar unas imágenes contundentes a la manera de un episodio urbano y disparatado de Al filo de lo imposible. Mientras pugnaban por llegar a casa imaginaban al jefe tomándose un coñac junto a su perro de raza. Y es que hoy en día ya no le dejan a uno suspender tranquilo. Se hace bueno el dicho ése de ten cuidado con lo que deseas porque podrías lograrlo. Pensé en el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu. Suspira por los Juegos de Invierno y mira tú. Una vez coincidí con él en una entrega de premios y me fijé en sus zapatos sucios. Me gusta que los políticos tengan los zapatos sucios. Él me quiso explicar que su cargo era maravilloso porque le acercaba mucho a los ciudadanos. Tanto que, dos días atrás, una vecina simpática de El Raval le dio una cachetada maternal para afearle el abandono del barrio delante de las cámaras. Querías nieve, toma nieve. Querías cercanía, toma cachete. No hay deseo más perfecto que el que jamás se cumple.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de marzo de 2010