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Crónica:25ª jornada de Liga

El fútbol entroniza al Madrid

La entrada de Guti y Van der Vaart propicia una fabulosa remontada del equipo de Pellegrini, líder, ante un Sevilla defensivo

La casta para no rendirse ante la adversidad, el tesón permanente y, sobre todo, el fútbol, el buen fútbol, elevaron ayer al Madrid al liderato de la Liga. Dos azotes visitantes necesitó Pellegrini para dar un vuelco al equipo, para elegir el sendero de Guti y Van der Vaart en vez del de Lass. O el de Kaká, por muy reputado que sea. Con ellos al frente, el Madrid acabó en la epopeya frente A un Sevilla demasiado estrecho, muy acostado delante de Palop desde que se pusiera por primera vez en ventaja. Cuando el Madrid sacó a los violinistas, no sólo mantuvo el empuje, sino que resultó devastador. Ganó en el último suspiro, pero lo mereció media hora antes.

Al Madrid no le basta con ser un equipo anestésico, digamos al estilo del Barça. Lo suyo es otra cosa, necesita jugar con energía, ser un equipo vitamínico. Es tan capaz de imponer un voltaje imposible para sus adversarios como de quedar en trance y dejarse ir. De todo tuvo ante el Sevilla, que le gobernó de entrada y se quedó a rebufo cuando el grupo de Pellegrini tocó la corneta. Pasivo al inicio, el Madrid recibió un gol y no atisbó la pelota. Pero hay goles indigestos. Le ocurrió al conjunto andaluz, que con el paso del tiempo perdió soltura, se encogió y cavó la trinchera ante Palop. Todo un riesgo ante un equipo huracanado como el Madrid, que, a falta de arquitectos en el eje, se salta varios pasos para el asalto. Cuando sus líneas aprietan, en el ataque aumentan los decibelios. A la carrera, sin pausa, con empeño, el equipo local logró arrinconar al Sevilla, que pasó un calvario hasta el descanso, y un desgaste inquietante: Stankevicius, un lateral improvisado como central, y Drago, su auxiliar en la defensa, fueron sancionados muy pronto. Por delante de ambos, Fazio, caudillo del juego al inicio, cada vez reculó más. Al fin y al cabo es un central, por mucho que Jiménez, el entrenador andaluz, le maquille en el medio.

REAL MADRID 3 - SEVILLA 2

Real Madrid: Casillas; Ramos, Albiol, Garay, Arbeloa (Van der Vaart, m. 54); Lass (Guti, m. 54), Xabi Alonso, Marcelo, Kaka (Raúl, m. 74), Higuaín y Cristiano. No utilizados: Dudek; Metzelder, Diarra y Granero.

Sevilla: Palop; Konko (Adriano, m. 20), Stankevicius, Dragutinovic, Navarro; Zokora, Fazio, Navas, Perotti, Capel (Kanouté, m. 46); Negredo (Duscher, m. 74). No utilizados: Varas; Escude, Lolo y Acosta.

Árbitro: Iturralde González. Mostró amarilla a Dragutinovic, Garay, Arbeloa, Capel, Navarro, Kanouté, Marcelo y Van der Vaart.

Goles: 0-1. M. 9. Xabi Alonso en propia puerta. 0-2. M. 52. Dragutinovic. 1-2. M. 59. Cristiano. 2-2. M. 63. Ramos. 3-2. M. 91. Van der Vaart.

Unos 80.000 espectadores en el Bernabéu.

Con los cambios, el técnico local comprobó que una vía más sutil también es eficaz

El gol de Xabi Alonso en propia puerta alertó al Madrid. Fue una jugada eléctrica, muy del Sevilla. Un acelerón de Navas derivó en un pase de éste al otro extremo, donde apareció otro jamaicano, Diego Capel, como una bala. Su centro al área fue atacado por Negredo, que llegó como un molinillo junto a Alonso. Éste se anticipó sin suerte, en mala dirección. Apenas 10 minutos después se lastimó Konko y entró Adriano. Los dos episodios, el gol y la lesión, desenchufaron a los sevillistas. Ya no hubo pistas de Navas, Perotti y Capel, al que Jiménez relevó en el descanso, necesitado de un jugador como Kanoutè que diera mayor templanza.

Pellegrini debió rebobinar el martirio innecesario al que sometió a Marcelo en la derrota en el Sánchez Pizjuán, donde Navas le hizo un nudo toda la tarde. La vacuidad de Granero en las últimas semanas también contribuyó al regreso de Marcelo al medio campo. Guti y Van der Vaart, a la vista en el banquillo. Con Lass y Marcelo de escoltas de Alonso, no prevalece la imaginación. Tampoco ayuda Kaká, descosido todo el curso. Al Madrid le quedaba remangarse. Y lo hizo hasta que Drago no le dejó otra salida a Pellegrini. Sin créditos tras los arreones del primer tiempo, cuando Kaká e Higuaín se quedaron a un palmo del gol, al alba del segundo tramo el Madrid se vio en la cuneta. Drago ejecutó una falta inocua desde medio campo. Un lanzamiento mal trenzado, por lo que Xabi Alonso se agachó para facilitar el tajo a Casillas. Fatal decisión, porque el amago despistó portero.

Ahí empezó el verdadero partido para el Madrid, en doble desventaja a falta de poco más de 40 minutos. La ansiedad dio paso al fútbol. Hay a quien benefician las angustias. A Pellegrini, por ejemplo, que dio carrete de una tacada a Guti y Van der Vaart por Arbeloa y Lass. El resultado fue elocuente. El Madrid encontró la pelota, adivinó espacios, tuvo otro compás. Y todo sin perder voltios. Guti dio otro recital de los suyos, marca de la casa. Puro ingenio. Contagioso para el grupo y contaminante para el Sevilla. Con él a la trompeta, el Madrid fue un vendaval. Dos remates a los postes de Higuaín, otro del propio Guti, una remontada instantánea. El fútbol había dado un paso al frente. Con Guti y Van der Vaart en escena, Jiménez se tapó más. Duscher, un medio matraca, se sumó a los fogones de Fazio y Zokora.

En el tramo final el partido adquirió una emotividad extraordinaria. Perotti dio alguna réplica a los constantes arrebatos del Madrid, que ahora ya tenía el mismo fuego que antes pero con otra sinfonía. Ramos y Marcelo por los costados eran un ciclón; Higuaín y Cristiano, adepto al juego gremial como pocas veces, tenían el mejor socio posible. Guti, en plenitud, ve lo que otros no ven, activa a cualquiera. A Kaká aún no, hasta el punto de que Pellegrini, a la vista de su extravío, ordenó un cambio de gran calado político: Raúl por el brasileño. En el último lance, el Madrid tuvo remedio. Van der Vaart acertó y conquistó algo más que el liderato. Comprobó cuál es la vía. Guti y Van der Vaart a punto estuvieron de llegar tarde. Pellegrini sabrá por qué. Guti, quizá también.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de marzo de 2010