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COLUMNA

Gerundios y participios

La presencia de Camilo José Cela (CJC) en las Cortes Constituyentes, de las que formó parte como senador por designación real, es más recordada por su original y pedagógica forma de recordar el diferente significado de los gerundios y los participios ("no es lo mismo estar dormido que durmiendo, como no es lo mismo estar jodido que jodiendo") que por su intervención en otras muchas discusiones del articulado de nuestra Norma Fundamental. Y sin embargo fueron muchos los debates en los que participó quien, con el paso de los años, vería recompensada su resistencia con la ganancia del Premio Nobel de literatura, obtenido por sus escritos en lengua castellana.

¿Castellana? Una de las enmiendas al texto del Anteproyecto de Constitución que CJC defendió en el Senado, y que fue aprobada por el Pleno de esa Cámara, corregía el texto remitido desde el Congreso en relación con la lengua (actual artículo 3), en el que se establecía que el "castellano es la lengua oficial del Estado", al añadirle "el castellano o español". Modificación que fue apoyada, entre otros motivos, para atender la razonada petición de la Real Academia Española de la Lengua, a la que se adhirió la también Real Academia de la Historia, en la que se demandaba la introducción en la Constitución de la sinonimia entre los términos "castellano" y "español". El profesor Ollero, también senador designado dentro del cupo que le correspondía al Rey de acuerdo con lo previsto en la Ley para la Reforma Política, aludió a la contradicción en la que se podría incurrir de no incluirse el vocablo "español" para referirse a la lengua que, con tal denominación, constaba como oficial en las constituciones de varios países hispanoamericanos. Y pese a tan firmes apoyos y convincentes argumentos, finalmente, el Pleno del Congreso volvió a enmendar el texto aprobado en el Senado, precisamente para evitar incurrir en otra contradicción más llamativa: la de que, habiendo en España varias lenguas, a las que la propia Constitución confería la posibilidad de ser oficiales de acuerdo con los Estatutos de Autonomía en los respectivos territorios en los que eran utilizadas, sólo una de ellas fuese denominada española.

El Gobierno central debería estar tan interesado como Galicia, Cataluña y País Vasco en mantener vivos los tres idiomas

Y es muy posible que, en términos estrictamente semánticos, tanto CJC como la Academia de la Lengua tuviesen razón. Pero prevaleció el espíritu de razonabilidad y pactismo que presidió el proceso constituyente, y que se evidenció en el número tercero de artículo 3: al ser gallego, catalán y vasco lenguas tan españolas como el castellano, y constituir todas ellas un patrimonio cultural común de todos los españoles, "deberán ser objeto de especial respeto y protección". 30 años después, y como acertadamente recordaba hace una semana en La Vanguardia el presidente del Consello da Cultura Galega, Ramón Villares, seguimos viviendo en un contexto muy distinto: gallego, catalán y vasco siguen pareciendo un asunto sólo de quienes vivimos en estas comunidades, cuando debería ser el Gobierno central quien estuviese al menos tan interesado como las autonomías gallega, catalana y vasca en mantener vivos los tres idiomas. Y, más aún que el Gobierno central, quienes hacen del patriotismo español uno de los ejes centrales de su discurso; que podrían recordar, entre otros argumentos para unirse a la defensa de la pervivencia de nuestra lengua autóctona en sus mensajes radiofónicos, televisivos o periodísticos, el hecho de que fue el idioma materno de varios reyes de Castilla y León, que convirtieron a esta lengua evolucionada oralmente del latín entre los siglos IX y XIII en el idioma culto de la corte castellano-leonesa del siglo XIII, hasta el punto de que uno de los textos cumbre de la lírica medieval europea, las Cantigas de Santa María, fueron escritas por el Rey que reconquistó para la Corona cristiana las ciudades de Cádiz y Jerez. Pero en vez de ello, prefieren, paradójicamente, mantener la contraposición entre lo español y lo gallego, catalán o vasco, viniendo a coincidir en lo semántico con lo más extremo de los nacionalismos llamados periféricos.

Y es que, al no haberse interiorizado por muchos el espíritu del pacto constitucional, y parafraseando a CJC, con tantos usando gerundios (jodiendo), vamos a acabar todos sumidos en el participio (bien jodidos). Lamentablemente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de febrero de 2010