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Reportaje:21ª jornada de Liga

Esperando a Mosquera

El mediapunta y capitán del filial del Madrid es la última esperanza del fútbol base blanco

Manuel Pellegrini lleva dos partidos seguidos convocándole (Málaga y Deportivo). Y el sábado pasado estuvo a punto de hacerle debutar en Riazor. Pero Pedro Mosquera, capitán y mediapunta del Castilla, se quedó con las ganas. En el asunto intervino incluso Jorge Valdano, el director general, que reprendió a Pellegrini por no contar más con la cantera. Y ayer Pellegrini respondió: "Hay que preguntarle a Valdano por qué lo dice, otra cosa es lo que yo hago. Yo no le pregunto cuando suben jugadores de qué juegan. La cantera no está dentro de mi trabajo, pero yo les conozco a todos".

En el fondo está Mosquera, el canterano más esperado. Cuando Pellegrini le llamó en Riazor, faltaban un par de minutos para el final. "Me quité el chándal todo lo rápido que pude pero la pelota no salía. Hubo una acción que duró un minuto y medio. Le supliqué al cuarto árbitro que no pitara el final. Hicieron una falta a Drenthe y oí que por el pinganillo le decía al colegiado: ¡cambio, cambio! Pero nada, pitó el final. Tiré una patada a una botella, fui y le dije 'joder, cómo pitas... Iba a debutar", recuerda ahora Mosquera.

"Joder, cómo pitas... Iba a debutar", le soltó al árbitro en el partido contra el Deportivo

"La cantera no está dentro de mi trabajo, pero yo les conozco a todos", dice Pellegrini

Raúl fue el primero que se le acercó para decirle que no pasaba nada, que ya debutaría. El cabreo le duró lo que el viaje de vuelta a Madrid. Porque al día siguiente Mosquera jugó con el filial y, una vez en casa, se dio cuenta de que estaba con el "agua al cuello". Sólo le quedaban cinco días para preparar el examen de Derecho Penal. "Por la mañana me entreno, de 4 a 8 de la tarde tengo clase y cuando llego a casa lo que menos me apetece es estudiar", dice sentado en una silla en Valdebebas.

Mosquera es gallego y tiene 21 años. Sus primeros recuerdos del fútbol son el Depor de Fran y Mauro Silva y el Madrid de Fernando Redondo. Es futbolista, universitario, surfista y también fue jugador de hockey patines. "Empecé con tres años, antes que con el fútbol, era tan pequeño que utilizaba los patines Fisher Price. Hasta que me vine a Madrid hice las dos cosas, tenía a mi madre de taxista todo el día", recuerda este zurdo de pie pero diestro de mano.

Del colegio Santa María del Mar la madre le llevaba al campo del Galicia Gaiteira, su primer equipo, que coge el nombre de un barrio de A Coruña. Recaló allí gracias a Antonio Golás, un directivo amigo de su familia. El Deportivo por aquel entonces no tenía categorías inferiores, sólo seleccionaba a los chavales para el Torneo de Brunete. "En Pontedueme, cerca de Ferrol, nos enfrentamos a los alevines del Madrid. Fue la primera vez que se fijaron en él. Se lo disputaban muchos equipos gallegos por aquella época... Lete, el entrenador, no estaba muy por la labor porque tenía ya a un grupo hecho pero cambió de idea en cuanto lo vio entrenarse", explica Manuel Pita, uno de los primeros técnicos de Mosquera. "Siempre ha sido un chico muy competitivo y con la cabeza bien amueblada. Era bueno técnicamente: jugaba de mediocentro, interior y mediapunta. Tenía una buena zancada, potencia y rapidez", añade.

Nació en A Coruña, pero llegó a Madrid con 13 años. Hasta los 18 se quedó en el SEK, el centro donde residen y estudian los chicos que vienen de fuera. Ahora, después de haberse pasado un año en el colegio mayor Elías Aguja, vive solo y tiene una asistenta que le cocina. "Era muy observador y listo. No le valía con cualquier cosa. Siempre había que darle explicaciones", comenta Paco Carreño, su monitor en el SEK. De gallego Mosquera ya no tiene ni el acento. Sólo tiene morriña del mar. "Lo primero que hago cuando vuelvo a casa es bajar a Riazor a surfear", cuenta.

"Carácter siempre tuvo y ganas de sumar y ayudar al compañero también. En su segundo año aquí ya era capitán", comenta Tristán Celador, que le tuvo en el Juvenil C. "Siempre jugaba por dentro porque no era especialmente rápido. Distribuía muy bien el juego. Con los años ha mejorado en el cuerpo a cuerpo y a defender la pelota", prosigue. En el Cadete A coincidió con Mata, su gran amigo. "Fue mi primer punto de apoyo. Compartíamos habitación y era un poco desastre, nunca se acordaba de dónde dejaba las cosas. Pero en el campo tenía una gran visión y una innata capacidad de liderazgo", cuenta el hoy jugador del Valencia.

¿La visión de juego de dónde le viene? "Es una cosa con la que naces, lo único que puedes mejorar es la velocidad . del pase. Y por cada categoría que subes tienes que soltar antes la pelota", dice Mosquera, admirador de Guti. "Lo suyo es otro nivel. Mete los pases donde no los ve nadie".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de febrero de 2010