El 'cementerio' que aupó a Aznar

Ciríaco de Vicente era diputado del PSOE por Salamanca en febrero de 1987, cuando leyó en la prensa portuguesa que el Gobierno pretendía construir un cementerio nuclear en su provincia. "Era presidente de Enresa Juan Manuel Kindelán y nos enteramos por la prensa. Fue un desastre", recuerda De Vicente, hoy consejero del Tribunal de Cuentas. La instalación contaba con el apoyo de Kindelán y del Ministro de Industria y Energía, Luis Carlos Croissier. Se trataba de un "laboratorio experimental de residuos radiactivos" y estaba previsto en Aldeadávila de la Ribera (Salamanca).

La falta de información y el poderoso movimiento antinuclear en la época generaron una enorme oposición ciudadana. Uno de sus líderes, el cura Emiliano de Tapia, recuerda que "fueron ocho meses de lucha". El 2 de abril de 1987, los manifestantes retuvieron durante 30 horas en el Ayuntamiento de Aldeadávil al diputado provincial del PSOE Luis Calvo Rengel. La policía tuvo que liberarlo. En Vitigudino casi ocurre lo mismo. "Casi me pillan. Venían por delante y por detrás, y salimos en el coche pitando", recuerda De Vicente.

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El candidato socialista a las autonómicas de aquel año, Juan José Laborda, recuerda su apoyo: "Me llamó Felipe González y me dijo que no podíamos ceder a un secuestro, que lo retiraríamos más adelante, pero que lo haríamos nosotros. Sabía que era complicado electoralmente y asumí esa situación". "Se trataba sólo de hacer un estudio científico financiado por la Comunidad Europea sobre cómo el granito absorbía la radiación, no era un cementerio, pero hubo mucha demagogia", recuerda.

El entonces candidato popular a la presidencia autonómica, José María Aznar, hizo bandera electoral de su oposición al proyecto y el 10 de junio de 1987 ganó por 1.984 votos. Aunque tenía los mismos escaños que el PSOE, el CDS había prometido apoyar al partido más votado y dio la presidencia a Aznar, que dos años después pasó a presidir AP. El cementerio murió ahí.

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