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Reportaje:

Sky, el cielo no es el límite

Un psiquiatra enseña a los corredores del nuevo equipo británico a desconfiar de las emociones y competir fríamente

"Hay que desmedicalizar el ciclismo", proclama sin ironía, seriamente, el médico de un equipo ciclista. Algunos conjuntos ya han comenzado la tarea convirtiendo a los médicos, hasta hace no tanto las estrellas en la base del rendimiento, en elementos secundarios. Su papel productivo han pasado a desempeñarlo otros profesionales también con formación científica. Son fisiólogos que planifican los entrenamientos y cuidan la alimentación, como Lim Allen, por ejemplo, el nuevo fichaje del equipo de Lance Armstrong, un preparador que trabajó en sus tiempos con Floyd Landis y que ha patentado unos magníficos pasteles de arroz basmati con nutella. Son nutricionistas directamente. Son otra cosa.

Hay que ser hormigas, robots, no pasionales chimpancés, sostiene Peters

La transformación de Wiggins en un posible ganador del Tour debe mucho al especialista

Alguno es hasta psiquiatra, como el hombre que marca la diferencia en el Sky, el equipo más diferente, un conjunto puesto en pie por Dave Brailsford, un especialista en convertir la energía potencial en energía cinética.

El Sky no es, en realidad, un equipo ciclista, sino una fábrica en la que el director de producción es un psiquiatra que dice a sus ciclistas que las pasiones les frenan, que la confianza en uno mismo sólo se puede construir dejando a un lado las emociones y confiando únicamente en la razón.

El psiquiatra, no psicólogo -la diferencia no son las pastillas que pueda recetar al parecer, sino el tipo de trabajo que hace para mejorar las conexiones productivas en el interior de las cabezas de sus chicos-, se llama Steve Peters y en la primera reunión del equipo británico, que, apoyado por el imperio Murdoch, quiere revolucionar el ciclismo y llevar a un británico a ganar el Tour de ahora a tres años, se dio el gusto de impresionar a los corredores, 26 de 13 nacionalidades, con un tratamiento de choque espectacular. Primero les dijo que, mientras un psicólogo les enseñaría simplemente a conducir un coche, él primero abriría la tapa del motor, les mostraría cómo funciona y después les enseñaría a manejar el volante: "Así, si hay una avería, tendréis ventaja". Después les enseñó imágenes de crímenes violentos y les dijo que él había sido psiquiatra investigador que ayudaba a la policía en casos de asesinos en serie, que había trabajado con criminales y que estaba allí para ayudarles a quitarse los chimpancés de la cabeza; para, siguiendo con los símiles zoológicos, ayudarles a ser hormigas.

Todo muy lógico, muy racional. Los chimpancés, les explicó, son las pasiones, el lado irracional de vuestro cerebro, que cuando controla a la otra mitad, al lado racional, supone un freno para vuestro desarrollo. Y vuestro objetivo es ser hormigas, comportaros como robots, saber trabajar, como las hormigas, sin preocupaciones, aceptando los obstáculos sin quejas, superándolos con una actitud positiva.

Ya maravillados de antemano tras una acogida en la concentración que les hizo sentirse a todos personas únicas, especiales -si hasta les convencieron de que sus maillots se elaborarán en Italia con un tejido cuya fórmula sería secreta-, los ciclistas meditaron el mensaje difundido e intentaron asimilarlo.

Peters no es un novato en el mundo del ciclismo, en el que su forma de hacer las cosas ya ha experimentado cierto éxito. Con Bradley Wiggins, por ejemplo. Según cuenta el propio ciclista, en su transformación de un rodador culogordo, especialista contrarreloj y en los velódromos y poco más en un corredor todoterreno capaz de terminar cuarto en el último Tour, tuvo tanto que ver el nutricionista Nigel Mitchell, que le ayudó a perder ocho kilos, como el propio Peters. Ambos, Mitchell y Peters, forman con Brailsford la cúpula del Sky como la formaron también durante años en el equipo británico de pista que tantas medallas ha conseguido. Como director, Shane Sutton un ex ciclista australiano.

Junto a Wiggins, junto al noruego Boason Hagen, que dicen que es la octava maravilla del mundo, en el Sky hay un ciclista español llamado Juan Antonio Flecha, un hombre que más que un profesional es aún un soñador, un hombre de corazón. Un ciclista cuyo combustible es la pasión, el amor, por unas carreras frías, lluviosas y duras llamadas Tour de Flandes o París-Roubaix. Su evolución será la prueba del nueve para el psiquiatra. Si el trabajo de Peters bajo el capó de su cabeza consigue que la razón fría frene los ataques de emoción de Flecha, el motor de su vida ciclista, sin echar a perder el deseo, habrá que concluir que en el Sky ni siquiera el cielo es el límite.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de diciembre de 2009