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Reportaje:Economía global

El volcán griego entra en erupción

Los problemas de Atenas contagian las dudas de los inversores sobre otros países

"Las crisis financieras son como volcanes. Hasta que no estallan no sabes por dónde van a salir, el alcance que van a tener o la virulencia que tiene la erupción. Así que hasta que el volcán no erupciona no se puede medir la gravedad de la explosión y, por lo tanto, tampoco se puede dar una receta específica para paliar sus consecuencias".

El análisis es de Daniel Gros, director del Centro de Estudios de Política Europea en Bruselas, y utiliza el símil para explicar lo complicado de elaborar de antemano un plan oficial que dé respuesta a las crecientes dificultades financieras de Grecia. El volcán puede que no haya entrado en erupción pero algunas de las señales que lo suelen preceder han empezado a materializarse.

Alemania pide a la UE un debate sobre sus competencias en caso de rescate

Por primera vez en 10 años, el riesgo diverge entre los países de la Unión

El pasado martes la agencia de rating Fitch anunciaba la rebaja de la calificación de la deuda soberana de Grecia de A- a BBB+ y, de inmediato, el riesgo del país se disparaba. La calificadora cuestiona la sostenibilidad de las finanzas públicas griegas, la voluntad política de sus responsables para adoptar las medidas necesarias y la escasa credibilidad de las instituciones del país.

Las dudas entre los inversores se extendían de inmediato a otros países de la eurozona en parecidas dificultades presupuestarias. Y el broche final lo ponía otra de las grandes agencias de ráting, Standard & Poor's, al poner bajo perspectivas negativas la deuda de la propia Grecia pero también la de Portugal y la de España.

Por primera vez desde la puesta en marcha del euro, hace ahora diez años, la percepción del riesgo entre los países que integran la Unión Monetaria tiende a diverger en lugar de aproximarse. De hecho, S&P reconoce expresamente en sus análisis sobre Grecia y Portugal que estos países se han beneficiado de su pertenencia al euro para obtener la máxima calificación de su deuda -la AAA- que, de no haber formado parte del euro, no hubieran alcanzado nunca.

Las consecuencias de ese contagio de la percepción del riesgo entre los inversores alcanzan a toda la Unión. "Si algo le pasa a un país [del euro] entonces todos los demás también se ven afectados", admitía la canciller alemana, Angela Merkel, antes de entrar al Consejo Europeo celebrado en Bruselas. "Al tener una moneda común, también tenemos una responsabilidad común", comprometía la canciller. Era la forma en la que Alemania ratificaba a los mercados que la Unión Europea no dejará caer a ninguno de los países del euro. El default dentro de la Unión está, pues, descartado. Tanto que no faltan inversores que aconsejan comprar bonos griegos .

"En buena medida, la situación griega es culpa de la propia Unión Europea. La primera vez que se detectaron irregularidades en las estadísticas del país [2004] Bruselas tenía que haber enviado un equipo y asegurar la fiabilidad de la institución. Mira cuáles son las consecuencias", asegura tajante el responsable de Bruegel, el think tank de la Comisión Europea en Bruselas. Aquel episodio, que permitió excluir los gastos militares del déficit público y, con ello, el acceso de Grecia al euro, se saldó apenas con una reprimenda pública. Y ahora es uno de los elementos que, a juicio de Fitch, más penaliza la calificación de Grecia.

El mercado está a la espera de que el Gobierno presente sus planes de ajuste y de cuáles son los elementos que pueden dar lugar a la siguiente fumarola. No es lo mismo, explica Gros, que quiebre un banco griego -"en cuyo caso el banco central griego o el Banco Central Europeo (BCE) pueden acudir en su rescate, como sucedió por ejemplo con Fortis"- o que sea el Estado el que tenga problemas para pagar sus deudas, en cuyo caso "puede que la solución se canalice a través de un tercero, como el Fondo Monetario Internacional" (FMI). Otras fuentes dentro de la Comisión dudan que la solución pueda venir de un tercero, por la pérdida de credibilidad que supondría para las instituciones comunitarias y el resto de los integrantes de la Unión.

Pero la posible ayuda, sea en la forma que sea, no será gratuita. Merkel advertía ante sus correligionarios del Partido Popular Europeo reunidos en Bonn que la eurozona debería tener algún tipo de control sobre la política fiscal de países altamente endeudados como Grecia. Es decir, que la unión monetaria debería avanzar de alguna forma hacia una unión fiscal. Además, pedía abiertamente a sus colegas que iniciaran un debate sobre las competencias concretas que debería tener la unión en caso de tener que "apoyar" a alguno de sus miembros. La presión del Consejo Europeo para que Grecia se tome en serio la situación era palpable al término de la reunión.

Tanto que el primer ministro, Giorgios Papandreu, ha adelantado un mes la presentación del nuevo plan de Estabilidad y anunciará este lunes cuál es el plan de ajuste de su gobierno para consolidar las finanzas griegas. Veremos entonces si el mercado cree en sus medidas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de diciembre de 2009