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Reportaje:

Instantáneas de la soledad

Un joven madrileño retrata a indigentes de la ciudad dentro de una cabina de metacrilato en la muestra que inaugura la nueva sala del Museo del Traje

Hurgar en la esencia humana ha sido siempre cosa de filósofos. Al final de los muchos túneles excavados a lo largo y ancho del pensamiento, el ser humano siempre aparece solo o esforzándose por ser un ser social para sobrellevar lo extraño de la existencia. Guillermo Llobet, de 29 años, un joven madrileño, un filósofo cualquiera que dejó la arquitectura de interiores por la moda y la moda por la fotografía, plasma esa soledad esencial en una serie de 15 imágenes de gran formato que desde ayer cuelga de las paredes de la nueva sala del Museo del Traje (C Arte C) en la Ciudad Universitaria. Para ello construyó una cabina de metacrilato que fue ubicando por distintos rincones de la capital y, durante siete años, ha ido metiendo dentro a muchos de los sin techo que pueblan las calles de la ciudad.

"Estas fotos dignifican nuestra forma de vivir", afirma un retratado

La gente los ha podido ver por los alrededores del Mercado de San Miguel, en la plaza Mayor o en la de las Descalzas. Vestidos o semidesnudos, calzados o descalzos, sobrios o ebrios: Andrés (El Polaco), Charly, Cucho, Ahinara... han posado dentro de esa caja transparente mostrando, sin querer, lo único que queda cuando uno está despojado de todo, cuando uno ha destilado su vida. Ellos han prestado sus cuerpos y sus almas para que el objetivo de Llobet inmortalizara esa soledad universal, esa eterna sensación de extrañamiento que tiene cualquiera que viva en este mundo. Y lo han hecho con nocturnidad y alevosía, de noche, en cualquier esquina desnuda y oscura de Madrid, con o sin permisos de ningún tipo, con una furgoneta, un generador y unos cuantos focos. Todos en pandilla, dándose y quitándose la vida, para por un instante, clic, presentarse como seres de otro mundo, abducidos.

"Ha sido un proceso muy largo", cuenta Llobet, "empecé metiendo a un punki en la cabina, en medio de una plaza a plena luz del día, pero luego me di cuenta de que detrás del punki había otro, y detrás, otro, y así llegué a ellos, un poco por casualidad, y un poco porque eran la mínima y la máxima expresión de lo que yo quería mostrar, lo que reflejan es casi intemporal", explica. "Luego han acabado siendo colegas", dice. No en vano el catálogo está dedicado "a los hijos de la calle".

El viernes muchos de ellos (y sus perros) acudieron a la presentación de la exposición, que permanecerá abierta hasta el próximo 31 de enero. En esa enorme sala acristalada nada publicitada por el Ministerio de Cultura. De la mano de Llobet y ante un público bastante sorprendido, se descubrieron a sí mismos, en esas fotos de dos por dos. "No sabíamos a qué veníamos, yo no hacía más que preguntarle a Guillermo en la furgoneta que quién era el sujeto esta vez", comentaba Declan, uno de los hijos de las calles de Madrid, que ha trabajado como ayudante de producción en este proyecto: grabando el making off, poniendo y quitando focos...

"Hemos flipao, qué hijoputa el Guillermo", decía José con una sonrisa desdentada, otro de los "sujetos" que aparecerá en la segunda serie de fotografías, aún en pleno desarrollo. "Creo que estas fotos dignifican una manera de vivir, nuestra manera de vivir", añadía con una litrona en la mano mientras procuraba que Pedro, cuyas carcajadas ebrias hacían de banda sonora de la muestra, no tirase uno de los cuadros al tratar de sentarse en el suelo.

Con ellos y entre ellos, artistas como el grafitero Suso o como la fotógrafa canaria Dácil, hablaban de la potencia de unas imágenes que enfatizan esa sensación de separación de dos mundos indisolublemente unidos, pero separados como por un cristal infranqueable. Ayer, durante unas horas, ese cristal se deshizo como por hechizo y los hijos de la calle rieron, lloraron, comentaron anécdotas entre ellos y con "los otros" y se fueron, como habían venido, entre una multitud de soledades.

Guillermollovetfotografiasserie1. Sala C Arte C (Centro de Arte de la Complutense del Museo del Traje). Avenida de Juan de Herrera, 2. Hasta el 31 de enero. El catálogo se puede adquirir en La Fábrica y en la librería Panta Rhei, entre otras de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de noviembre de 2009