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Eto'o, en la grada, no en el campo

A Eto'o se le oyó más por las gradas de lo que se le vio en el campo. Su presencia fue testimonial, aburrido como estaba de pedir la pelota y recoger melones. No pudo girarse nunca, tampoco recibió balones al hueco y perdió tantos duelos como probó. "Felicidades al Barça", logró articular, ciertamente desanimado, al final del encuentro; "ha sido extraño estar en el vestuario de los rivales, pero son cosas que pasan en la vida".

Cuando los jugadores del Inter salieron a calentarse, el locutor nombró a Eto'o. El Camp Nou, entregado y agradecido por sus años como goleador azulgrana, le tributó un aplauso generoso. Eto'o, en boca de todos. Menos en la de los jugadores del Barça, que apenas sufrieron para desdibujarle. Entre otras razones, porque no participó del juego del Inter, al contragolpe o al pelotazo limpio.

La noche ya empezó mal para Eto'o. Durante el calentamiento, conectó cinco disparos dentro del área y Julio César le sacó tres. El público le demostró una vez más su cariño. Eto'o, nunca te olvidaremos y Bienvenido a casa, Samuel, eran dos de la media docena de pancartas que los aficionados confeccionaron para recibirle. A la tercera ovación, se rindió. Mientras posaba para la foto, desde la megafonía repasaban las alineaciones. Cuando se le nombró, Eto'o descompuso el cuadro, se giró hacia el público, alzó los brazos para saludar, se tocó el corazón y agradeció la estruendosa ovación.

A la que empezó el partido, todo cambió. A cada pelota que tocaba, fue silbado. Se temía su olfato goleador.

Eto'o iba a por todas. Por eso le dijo a Zanetti, al ganar el sorteo de la moneda, que escogiera el otro campo, rompiendo una de las costumbres azulgrana. Pero no apareció sobre el césped.

Se hizo notar tras el entreacto. Acusó a Busquets de soltarle un codazo en una jugada inocua. "Un pequeño enganche. Pero eso se queda en el campo y fuera de ahí tan amigos", soltó Busquets. Pedrito calmó al delantero, que también exigió un penalti más que dudoso al colegiado bramando al cielo y golpeando el suelo con las manos.

Al final repartió tantos abrazos como besos. Todo, eso sí, sin la pelota de por medio.

"No cambia mi opinión sobre él. Es un gran jugador", le defendió Pep Guardiola, que le calificó junto a Diego Milito como el mejor delantero jugando al espacio. Anoche, sin embargo, sólo conectó un disparo. Pero le pegó tan mal a la pelota que salió por la línea de banda.

Eto'o se fue triste, pero se llevó más aplausos que nadie. "Al menos, estará contento por cómo le han recibido", dijo Busquets. "Me alegro de que se encontrara como en su casa. Se lo merecía", remató Valdés. Eto'o recogió el testigo: "El objetivo de los dos equipos no es pasar a la siguiente ronda, sino encontrarse en el Bernabéu en la final de la Champions".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de noviembre de 2009