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Reportaje:ECONOMÍA GLOBAL

¿Es posible una devaluación interna?

Bajar precios y salarios tendría en España un efecto similar a depreciar la moneda

El 9 de julio de 2007 el presidente francés, Nicolás Sarkozy, se presentó en Bruselas ante el Eurogrupo (formado por los entonces 13 países de la moneda única) y espetó, para sorpresa de muchos: "Tenemos que devaluar el euro. Es la única forma de poder seguir vendiendo aviones Airbus en el mundo". Huelga decir que enfrente se encontró con la oposición de toda la ortodoxia económica, encabezada por Jean Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo (BCE). Dos años después, Francia (que empieza a salir de la recesión) ya no habla de devaluación. En cambio, España lo ha incorporado al doloroso debate sobre el futuro de su economía.

Con la política monetaria y cambiaria en manos del BCE, resulta evidente que España por sí sola no tiene potestad para devaluar la moneda, medida que ayudaría a que sus productos y servicios fueran más competitivos. "Dada nuestra situación económica, es la mejor opción a corto plazo para ganar competitividad pues hace todo el trabajo de una vez, y tiene menos efectos secundarios que otras opciones", indica Natalia Aguirre, jefa de análisis de Renta 4. Incluso Jordi Mestre, director general de Caixa Sabadell, la ha expuesto abiertamente, aunque, según él, debería afectar sólo a España para que fuera eficaz y no a los demás países euro. Algo, por ahora, irrealizable.

Alemania ha conseguido reducir la jornada laboral, y con ello, los salarios

Otro camino sería aumentar la I+D y la calidad de la mano de obra

Descartado este bálsamo de Fierabrás, algunos analistas, como José Luis Martínez, economista jefe de Citigroup, creen que se podría hacer una devaluación interna que tuviera unos efectos similares a la tradicional "vía bajada de precios, sueldos y salarios". Una medida de la que llevan tiempo hablando el premio Nobel de Economía, Paul Krugman, y, antes que él, Olivier Blanchard, economista jefe del FMI, aunque no sólo pensando en nuestro país, sino también en Irlanda, Grecia e Italia.

Guillermo de la Dehesa, presidente del Center for Economic Policy Research (CEPR) de Londres, explica en qué consistiría esta devaluación interna: "Los salarios españoles deberían crecer durante muchos años por debajo de la zona euro (al igual que han crecido por encima durante bastante tiempo); la productividad de España tendría que superar la media de la eurozona (del mismo modo que lleva muchos años por debajo) y habría que reducir los costes salariales (cotizaciones a la Seguridad Social)".

Pero esta iniciativa de incidir sobre el bolsillo de los trabajadores no gusta a todos: "Lo que Krugman propone es una deflación del 20% de precios y salarios. Y esto es algo inviable", advierte Juan Iranzo, director del Instituto de Estudios Económicos (IEE). "España ya es de por sí un país de salarios bajos y creo, además, que no sería asumible políticamente", precisa Mario Weitz, consultor del Banco Mundial y profesor en el ESIC.

El propio Krugman es consciente de la gran dificultad de aplicar sus recetas y de lo "extremadamente difícil que es conseguir una reducción de los salarios". Sin embargo, hay otras fórmulas que tendrían un efecto similar a la imposible devaluación del euro español. Juan Iranzo aboga por una bajada de cinco puntos en las cotizaciones sociales y una subida de dos en el IVA. "Además" -puntualiza Iranzo- "este impuesto tiene la ventaja de que se deduce de las exportaciones, con lo que se consigue un resultado parecido a una devaluación al aumentar la competitividad".

Hablamos de una devaluación interior que ya planteó, recuerda Guillermo de la Dehesa, en su día Nicolás Sarkozy cuando llegó al Elíseo. Aunque en su caso la propuesta era más agresiva: bajar cuatro puntos el IVA y seis las cotizaciones sociales.

Pero como es evidente, hay miradas muy distintas sobre este mismo problema. "No soy partidario de estos equilibrios. Lo que tenemos que hacer es reducir nuestros costes, no sólo el salarial; sino los energéticos, los de las infraestructuras...", recomienda Jordi Gual, economista jefe de la Caixa. Y puntualiza: "Utilizar el sistema fiscal sería más de lo mismo".

Ahora bien, otro camino para esta devaluación interna puede ser "un aumento de nuestra productividad tecnológica (I+D) y de la calidad en la mano de obra. Aunque viendo los nuevos Presupuestos Generales y el recorte que han sufrido estas partidas se antoja algo complicado", reflexiona Miguel Freijo, experto de IG Markets. Además, son medidas de largo plazo y no de corto, que es lo prioritario.

Está claro que el hilo de Ariadna de este laberinto es incrementar la productividad. El problema es que, como sucede con el colesterol, la hay buena y mala. "Y España está aumentado su productividad mala. La que proviene de destruir empleo; por lo que al final lo que tenemos es un brutal ajuste del mercado de trabajo", comenta José Luis Martínez, de Citigroup. Este crecimiento descompensado, tiene el riesgo, además, de enquistarse en el torrente económico español, y generar una "recuperación titubeante e incapaz de crear empleo en el futuro", advierte José Luis Martínez.

Éste es el inquietante mensaje que nos llega del Servicio de Estudios del BBVA cuando pronostica una contracción de la economía para 2010 del 1,2% y un paro del 20,1%. Parece, pues, que habrá que esperar hasta 2014, como vaticina el FMI, para recuperar nuestra antigua renta per cápita. O bien, si se quieren acortar los plazos, poner en marcha esta devaluación interna, algo que Alemania ya ha sido capaz de implantar con éxito en sus empresas a base de reducir jornada laboral y salarios. ¿Pero alguien se atreve a ponerle el cascabel a este escurridizo gato?

La peseta no volverá

La salida de España del euro es una pesadilla. No porque pueda ocurrir (está descartado), sino por las devastadoras consecuencias que tendría: "Tensión en los tipos de interés, encarecimiento de la deuda, caída del crecimiento durante mucho tiempo...", enumera José Luis Martínez, economista jefe de Citigroup. "Sería un gravísimo error salir. La moneda única nos viene muy bien, por ejemplo, para tener unos tipos bajos", dice Juan Iranzo, del (IEE). También Guillermo de la Dehesa lo ve inviable: "La peseta se desplomaría si volviéramos a ella como referencia. Sufriría una devaluación tremenda". Y para Jordi Gual, economista jefe de la Caixa, "no tiene sentido ni planteárselo. Sin la moneda única estaríamos en una situación de tipos de interés más elevada y la prima de riesgo sería muy alta" .

Y la otra opción, que nos echen del euro, no resulta factible ya que el Tratado de la Unión Europea no recoge esta posibilidad para ningún país miembro, aunque incumpla (caso de España) los límites de déficit. Así que, por ahora, estamos abrazados a la seguridad de la moneda única. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de noviembre de 2009

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