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Reportaje:Economía global

El comercio mundial resucita

El aumento de los intercambios de mercancías anticipa una recuperación económica

Steve Jobs tiene motivos de sobra para estar contento. El presidente de Apple anunció esta semana que la compañía ha vendido en el último trimestre más ordenadores Mac e iPhones que nunca y que por ese motivo ha cerrado el mejor ejercicio de su historia. Tan bien le van las cosas que Apple está teniendo problemas para fabricar teléfonos móviles al ritmo que el mercado demanda.

Al otro lado del Atlántico, en Múnich, los directivos de BMW sonríen por primera vez en muchos meses. El fabricante alemán de automóviles registró en septiembre el primer aumento de ventas de sus vehículos en lo que va de año. Y lo que es mejor: sus responsables aseguran que las ventas van a seguir creciendo en los próximos meses gracias al aumento de los pedidos procedentes de países como Brasil, India y China.

El aumento de la demanda en China está ayudando a los países exportadores

¿Qué significa todo esto? Que el comercio mundial ha comenzado a recuperarse de su mayor caída desde la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado. "En el terreno comercial, la contracción parece haber tocado fondo", declaró el director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), Pascal Lamy, en una conferencia pronunciada recientemente en Berlín. Otra nota de optimismo la puso esta semana el primer ejecutivo de Caterpillar, fabricante de maquinaria pesada y uno de los principales exportadores de EE UU. Al anunciar los resultados de la empresa en el tercer trimestre, Jim Owens aseguró que hay "señales de una mejora de las condiciones económicas en la mayor parte del mundo".

La reanimación de los intercambios comerciales es un indicio claro de que la economía mundial se recupera. Por lo pronto, Alemania, China o Japón, cuya salud económica depende en gran parte de las exportaciones, están de enhorabuena. Un aumento de la demanda de sus productos traerá consigo -aunque no de manera inmediata- un incremento de la producción en sus fábricas, y eso significa crear puestos de trabajo. Música celestial para países como España, que también saldrá ganando con una resurrección del comercio internacional. Con la demanda interna bajo mínimos, la contribución del sector exterior va a ser clave para que la economía española deje atrás la recesión.

Las cifras más recientes invitan al optimismo. La compraventa de mercancías en todo el mundo creció en julio pasado a su ritmo mensual más alto en cinco años, según el índice del Bureau for Economic Policy Analysis. Según el organismo de investigación holandés, el comercio aumentó un 3,5% en julio, tras haberlo hecho en un 1,6% en junio. Los cálculos de la Organización Mundial de Comercio (OMC) apuntan en la misma dirección: las exportaciones aumentaron un 8% entre el primer y el segundo trimestre del año, la primera subida desde junio de 2008.

Pero aún es pronto para cantar victoria. El volumen de exportaciones e importaciones, que ha caído más que la economía en general en el último año, está todavía por debajo de sus niveles anteriores a la crisis. Muchas empresas -incluso las que han comenzado a reponerse, como BMW- aún venderán menos en el conjunto del año que en 2008, y en la mayor parte de los países los ingresos por exportaciones serán inferiores a los del año pasado. Los países más dependientes de las ventas de sus productos en el exterior temen que cuando los Gobiernos retiren sus planes de estímulo a la actividad económica se esfumen las esperanzas de que la mejora se consolide.

¿Por qué tanto miedo? Porque las cifras demuestran que el desplome de los intercambios en el último año se ha debido más a la caída de la demanda que a otros factores, como las difultades de exportadores e importadores par financiarse. En su último informe de perspectivas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) subraya que el volumen de intercambios ha disminuido mucho más que la financiación durante 2008 y la primera mitad de 2009, incluyendo las zonas más castigadas por la crisis. El presidente del Banco Mundial, Robert Zoelick, calcula que la falta de apoyo financiero únicamente es responsable del 10% al 15% de la caída de las operaciones de compraventa.

No es de extrañar que sean los países asiáticos, a los que la crisis mundial apenas ha causado un rasguño, los motores de la recuperación. Como en el caso de BMW, las ventas de Coca-Cola en China e India ayudaron a compensar la caída sufrida en Europa y EE UU durante el tercer trimestre. El aumento de la demanda en China, resultado en buena parte del plan de estímulo puesto en marcha por el Gobierno, está ayudando a muchos países exportadores, especialmente los más cercanos, incluyendo Australia. Mientras tanto, el gigante asiático, que ha superado este año a Alemania como segundo país más exportador del mundo, tras EE UU, sigue ganando cuota de mercado y se perfila como la potencia dominante en el comercio mundial del siglo XXI.

El peso de China y del resto de Asia en la economía mundial es cada vez mayor, pero será la recuperación de la demanda en EE UU, Europa y Japón lo que consolide la recuperación del comercio mundial. Por tanto, no se podrá cantar victoria hasta que las economías desarrolladas digan adiós a la recesión.

La preocupación en Europa es que la subida del euro con respecto al dólar (un 18% desde marzo) y al renminbi chino (un 16%) frene la recuperación económica de los países de la moneda única. La fuerza del euro encarece las exportaciones españolas, francesas o alemanas y aumenta el atractivo de los productos made in EE UU y made in China. "Todos juntos hemos repetido que queríamos un dólar fuerte, que necesitábamos un dólar fuerte", declaró la ministra francesa de Finanzas, Christine Lagarde, tras una reunión de los ministros de economía de la zona euro. Si la moneda única continúa subiendo, "corremos el riesgo de frenar la recuperación económica en Europa", dijo Jean-Claude Juncker, primer ministro de Luxemburgo y presidente del Eurogrupo.

Lo ideal para Europa sería que los gobiernos de Washington y Pekín dieran su brazo a torcer y ayudasen a equilibrar la tasa de cambio de las tres divisas. Entonces, las razones para sonreír se extenderían por todo el Viejo Continente. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de octubre de 2009