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Brasil grava las entradas de capital para frenar la escalada de su moneda

El Gobierno de Lula fija un impuesto del 2% a los movimientos especulativos

La primera gran crisis de la globalización deja, de momento, dos grandes ganadores: los emergentes asiáticos y Brasil. Y en ambos casos el éxito tiene sus peligros. La Bolsa brasileña sube más del 70% y el real -la moneda del país latinoamericano- se ha revalorizado más del 30% en lo que va de año: dos signos de fortaleza, pero también de peligroso recalentamiento. El Gobierno brasileño respondió el lunes a esos desafíos con un impuesto del 2% a las operaciones de capital especulativas -como la Bolsa o la renta fija-, destinado a frenar la apreciación del real y a evitar una entrada masiva de capitales. La inversión directa no se verá afectada.

El ministro de Finanzas, Guido Mantega, aseguró que la medida, que entró en vigor ayer mismo, pretende "evitar el exceso de especulación en los mercados de capitales". "El exceso de liquidez mundial podría llevar a una sobrevaloración del real y a la formación de burbujas", indicó, para después apuntar que el Ejecutivo de Luiz Inácio Lula da Silva "continuará fomentando la inversión extranjera".

Pero los guardianes de la ortodoxia ya han puesto el grito en el cielo. Tras eliminar hace un año una figura impositiva similar, el Gobierno brasileño ha negado en repetidas ocasiones la intención de imponer controles a la entrada de capital, y el presidente Lula dijo el viernes que no había "nada" al respecto. Esas contradicciones han desatado las primeras críticas. "Va a crecer la gente que cree que Brasil sigue siendo un lugar arriesgado para invertir", aseguró Christopher Palmer, de la firma británica Gartmore. "Es una medida a la desesperada y claramente negativa, que va a generar ruido", indicó a Bloomberg Ricardo Lanfranchi, de Barclays.

Los ataques llegaron incluso desde el plano institucional. Nicolás Eyzaguirre, responsable de América del FMI, advirtió de que los controles de capital son poco efectivos: los inversores encuentran la forma de saltárselos. "Dan algún margen de maniobra, pero poco, así que los Gobiernos no deberían verse tentados a postergar otros ajustes fundamentales", criticó. Eyzaguirre ocupó puestos de responsabilidad en Chile en los noventa, cuando el país andino hizo algo parecido.

Al mercado tampoco le gusta ese tipo de medidas que rayan la heterodoxia y que al cabo restringen -de forma limitada- la libre circulación de capitales, tan afamada hasta la llegada de la crisis. La Bolsa brasileña y el real reaccionaron con caídas, en torno al 4% y al 1,5%, respectivamente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de octubre de 2009