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PUES NO ESTOY MUY SEGURO

La fiesta del chivo 'espiatorio'

No, no es una errata: es el chivo espiatorio. Con S de Sean Connery.

Así lo escribió Ricardo Costa en su larga carta de no-dimisión, escrita toda en mayúsculas, como un grito. Su compañero González Pons había dicho que la fiesta que ahora acaba (provisionalmente) terminaría el 9 de octubre "a las cuatro de la tarde". En esa carta Costa grita, en mayúsculas: "ALGUNOS PRETENDEN CONVERTIRME EN CHIVO ESPIATORIO". Sic. Él creía que la fiesta no acabaría nunca. Como el chivo de la novela de Vargas Llosa, por cierto.

Fue una carta tan larga, y tan esperada, como rara. Contenía varias noticias, la principal de las cuales es que él se avergonzaba de lo que había dicho en las conversaciones que salieron en la prensa teniéndole a él como protagonista. Es noticia porque era la primera vez que uno de los afectados (Camps también está muy afectado por esas conversaciones) por el teléfono de Gürtel decía que le avergonzaba lo que él mismo decía allí. No dijo algo parecido el presidente, no dijo nada parecido nadie: lo dijo Costa.

Hasta que dijo Costa lo de la vergüenza propia mucha gente sintió vergüenza ajena; entre otros, Antonio Basagoiti, el líder vasco del PP. Pero hasta este momento la teoría de la conspiración había sustituido el sentimiento que ahora ha venido a descubrir el fulminado (?) secretario general valenciano.

La verdad es que la teoría de la conspiración ha sido muy distraída; ha alcanzado, por ejemplo, a Rubalcaba. Es curioso, a Maribel Verdú el ministro del Interior le pone, y al PP le indispone. Hay gustos para todos los colores.

En esa carta de Costa, escrita en mayúsculas como los textos que suenan más que lo que contienen, hay algunas erratas que Luis Carandell hubiera analizado con tanto tino como Freud. En un momento determinado, el recién cesado secretario general admite uno de los regalos que recibió, pero señala que fue un presente de un compañero de partido, "que quiso hacerme a título absolutamente personal, por el aprecio mutuo que nos procesamos... (sic)"; y yo pensé: en un caso como éste, al redactor de las mayúsculas debió de saltarle en rojo ese procesamos en lugar de profesamos. Freud aparte, hay en ese texto otra apelación a la ortografía defectuosa como elemento que puede servir a los aficionados al análisis psíquico de la escritura. Él había leído y oído que "algunos pretenden convertirme en un chivo espiatorio (sic) o cabeza de turco, y no me parece razonable". Sobre todo, no es razonable que en este mundo tan dado a espías, él convoque a su carta tan mayúscula errata, que habrá inquietado incluso a los que han dicho que no le espiaban, pero querían que él expiase. Y ha empezado a expiar, parece.

jcruz@elpais.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de octubre de 2009