Cartas al director
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Con la muerte en los 'tablones'

Si todas las muertes son lamentables, las que lo son en mayor grado, después de las causadas por el terrorismo, son, a mi juicio, las causadas por accidentes laborales.

En los andamios de las obras, en las zanjas de las calles, en las minas, en las industrias, en toda actividad en la que interviene el ser humano para ganar su sustento, se producen cada año miles de accidentes laborales, con resultado de muerte en algunos casos. Si es verdad que se ha avanzado mucho en seguridad laboral, con la consiguiente reducción de heridos y muertos, también es cierto que todavía estamos lejos de los niveles de seguridad de otros países con los que queremos compararnos.

Hagan ustedes la prueba en cualquier obra que se encuentren por la calle: observen con atención la seguridad con la que están trabajando. Con probabilidad muy alta, comprobarán que hay fallos en este aspecto: señalización inadecuada, calzado que no protege, falta de mascarillas cuando se deberían usar, máquinas en movimiento sin las precauciones debidas, grúas en zonas que crean peligros innecesarios y así, un largo rosario de riesgos, evitables todos.

Parece ser cierto que en este país tenemos dinero para hacer cosas, pero no para mantenerlas. Más cierto aún que, en la mayoría de las actividades laborales, no se actúa con rigor en proteger la seguridad de las personas. El Ministerio de Trabajo tiene un reto vital por delante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 12 de octubre de 2009.

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