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Crítica:TEATRO
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

El pasado que viene

Antes que una novela de política ficción, 1984 es un retrato feroz del estalinismo y un aviso de lo que podría ser el futuro bajo un régimen semejante. 1984 predijo el advenimiento de la autarquía y el tiempo nos ha traído la globalización. Y sin embargo, cuando Orwell habla de Goldstein, enemigo invisible, creado para mantener cierta tensión social y una demanda global de seguridad, pensamos de inmediato en Bin Laden: la realidad siempre resuena cuando la ficción es buena.

El montaje de Tim Robbins coge la novela muy atrás, en su tercio final, en el momento en que Winston Smith, su protagonista, recién arrestado, está siendo sometido a un interrogatorio feroz. Es ésta una decisión arriesgada que, a priori, da miedo: miedo a que durante dos horas asistamos a palo seco a esa ración de torturas sin cuento que Orwell describe con tanta minucia. Pero no es así. Michael Gene Sullivan, el adaptador, ha acertado a deslizar toda la peripecia vital de Smith, su amor apasionado con Julia, sus roces con los compañeros de trabajo fanáticos y su búsqueda de la verdad como si fuera una sucesión de confesiones dramatizadas que el preso hace a instancias de sus verdugos.

'1984'

De George Orwell. Dirección: Tim Robbins. Producción: The Actors' Gang. Madrid. Teatro María Guerrero. En el Poliorama de Barcelona del 30 de septiembre al 4 de octubre.

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"Cuando tienes miedo ya no eres libre", afirma Tim Robbins

Un espectáculo que comienza con su protagonista ya caído tiene que ser forzosamente negro y sin hálito de esperanza, como el final atroz de esta novela en la que, por contraste, brillan los días de vino y rosas de la pareja enamorada. El espectáculo no tiene esos matices, pero sí pulso y un ritmo percutiente y oscuro. Robbins nos sirve una situación única, prolongada y asfixiante con sólo seis actores de peso, entre los que destaca Cameron Dye, con un trabajo descarnado, en piel viva. Dye consigue transmitir sufrimiento extremo sin contagiárnoslo.

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