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Reportaje:

Una muerte fea en La Cabrera

Vecinos del pueblo donde falleció un rumano pateado por cinco hombres dicen que el ataque fue xenófobo

A Giovani Musat, ferrallista y natural de Suati Alonita (Rumania), de 33 años, lo mataron el jueves pasado de una patada en la cabeza que le produjo un coágulo en el cerebro, según el informe de la autopsia. Instantáneo. Su nuca golpeó contra los adoquines de piedra de la plaza de La Cabrera. Un hombre de unos 25 años y camiseta ceñida negra fue quien lanzó como un péndulo la bota contra su cráneo. Gigi, como llamaban a Musat, estaba bebiendo unas latas de cerveza en los soportales del ayuntamiento junto a un amigo. Cinco personas salieron del pub Vinchenzzo con vasos de plástico en la mano. Se dijeron cosas. Giovani, que trabajó en Bucarest como guardaespaldas, les espantó con su habitual "¡Venga!" y uno de ellos le lanzó un puñetazo que lo derribó. Una vez en el suelo y, según algunos testigos, al grito de "¡Te vamos a matar, rumano de mierda!", le empezaron a patear. Después se marcharon.

Gigi les chilló: "¡Venga!". Le dieron un puñetazo y en el suelo le pegaron

"Son unos tíos muy violentos, que van hasta el culo de drogas. Y son xenófobos", sostiene un hombre de 23 años y dos pendientes como platillos volantes en cada lóbulo que rehúsa dar su nombre. Según su testimonio, uno de los cinco detenidos, residente en el cercano pueblo de El Molar, había ido con él al instituto. "Sí que se les conocía por aquí", insiste, negando, eso sí, que llevasen estética neonazi.

Los presuntos agresores, que previamente habían sido expulsados de otro bar de la localidad, el Peleño, por "montar bronca" tienen edades entre los 22 y los 30 años. Dos residen en San Agustín de Guadalix, uno en Venturada y otro en Cabañas, además del que vive en El Molar.

La Guardia Civil, cuyo grupo de homicidios se encarga del caso, asegura que "de las declaraciones de los implicados no se deduce un crimen xenófobo". Cristo Peinado, alcalde del pueblo, coincide: "Aquí viven más de 300 rumanos y nunca ha habido racismo".

La propietaria del bar donde tomaron la última copa no sabe qué contestar. "Les vi llegar muy raros, como drogados", asegura. Pidieron "unos cubatas" e inmediatamente se marcharon "sin pagar". Después regresaron y pidieron que se les pusiese la bebida en vasos de plástico. Volvieron a salir y comenzó la trifulca.

Kostel tiene 31 años y está casado con Angelica. Tienen un hijo de ocho años. Es el hermano de Giovani. Ayer recogió todas sus cosas de la casa de alquiler donde residía solo. En ella se encontró el kebab envuelto que su hermano había pedido para la cena. Gigi estuvo en casa de Kostel, un pequeño bloque de tres plantas, pero no cenó porque no le gustaba el salmale (pollo, verdura y arroz). Así que salió sin haber comido nada sobre las 11 la noche. Después se fue al Alí Babá, un restaurante marroquí. Allí, según el camarero que le atendió, bebió unas cervezas y se marchó sobre las 12. Fue a su casa y dejó el kebab. Se marchó con las cervezas a la plaza.

"Bebía bastante, pero era ejemplar trabajando", explica su jefe, Vicente, que le contrataba como autónomo con frecuencia. Gigi, que llevaba dos años en La Cabrera, nunca faltaba al trabajo. "Era un tipo normal, pero muy fanático del fútbol", recuerda Vicente, que junto a otros obreros va a participar en una cuestación para repatriar el cadáver a Rumania. "Me cuesta 7.000 euros y no puedo decirles a mis padres que no soy capaz de llevarles el cadáver", dice Kostel. Sus padres, de 60 y 51 años, siguen viviendo en el pueblo, una pequeña localidad a 120 kilómetros de Bucarest. "Están muy afectados", explica Kostel, que revela que cuando llamó a su madre para contárselo el viernes ésta se desmayó con el teléfono en la mano. La cuenta de Caja Madrid donde recogen aportaciones es la 2038 2896203006197072.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de septiembre de 2009