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Reportaje:Fase clasificatoria para el Mundial de Suráfrica 2010

Silva crea y finaliza

Unas plantillas permiten al medio aliviar la lesión de tobillo y volver a brillar con España

"Si además de lo bien que juega, hace goles...", se frotaba ayer las manos Unai Emery, el entrenador del Valencia, ante las expectativas que le ofrece uno de sus jugadores, David Silva (Arguineguín, Gran Canaria; 23 años), del que apenas pudo disfrutar el pasado ejercicio por las sucesivas lesiones. "Si me dan a elegir entre Kaká y Silva, me quedo con Silva porque es más joven y le queda mucho más recorrido por delante. El tiempo dirá, pero es muy competitivo: siempre juega para ganar", remata Emery, orgulloso de los dos goles de Silva con España a Bélgica en el 5-0 del sábado en Riazor, donde jugó casi de extremo derecho. Pese a tratarse de un zurdo cerrado, se adapta a la derecha, al medio o a la izquierda. Y, como se siente centrocampista de los pies a la cabeza, no olvida sus obligaciones defensivas. Los datos del partido corroboran las impresiones. Silva estuvo en la creación (participó en 59 de las 105 jugadas de ataque de España, en una menos que Xabi Alonso) y en la finalización (18 acciones por 17 de Villa).

Frente a Bélgica participó en 59 de los 105 ataques, en uno menos que Alonso

"Es muy introvertido fuera del campo", explica su compañero Dealbert, central del Valencia, "pero dentro tiene una velocidad tremenda con el balón en los pies: se orienta, se gira, tira paredes... Es un jugador especial, del tipo de Xavi e Iniesta. Me sorprende en cada entrenamiento". En realidad, Silva siempre fue el ojito derecho de Emery. Cuando llegó en el verano de 2008 a Mestalla, el técnico vasco repasó todos los vídeos del equipo del curso anterior y se reunió con el enésimo presidente en ese periodo, Vicente Soriano, para suplicarle: "Por favor, venda a quien quiera, incluido a Villa, pero no a Silva". Le obedeció Soriano, lo mismo que la actual directiva, presidida por Manuel Llorente, que se negó a negociar la posibilidad de que saliera del Valencia pese al disgusto del jugador.

Silva, de hecho, está picado con el Valencia. En parte, por negarse a escuchar ofertas sobre su traspaso; en parte, porque, tras la marcha de Angulo al Sporting de Lisboa, nadie le ofreció llevar el número vacante, el mítico 10, el dorsal que, por sus características, creía el mediapunta canario que le pertenecía. El club, sin embargo, se lo concedió a Mata en una especie de premio de consolación tras haberle negado una mejora prometida del contrato.

La selección es un lugar idílico para Silva. Allí encuentra el toque como principio ineludible. Y, por añadidura, un equipo médico y de fisioterapeutas que le alivian de sus insidiosas molestias físicas. En la pasada Copa Confederaciones, por ejemplo, los médicos de la federación le prepararon unas plantillas para los pies que resultaron mágicas. Desde que se las puso, en junio pasado, el persistente dolor en el tobillo izquierdo ha ido cediendo. Ese tobillo, operado en septiembre de 2008 y siempre más hinchado que el derecho, lastró su rendimiento en la pasada campaña. No sólo por las molestias que le producía meses después de la intervención, sino por las lesiones colaterales que ocasionó: una pubalgia, como consecuencia de apoyar más el peso en la pierna derecha, que le impidió disputar los tres últimos partidos de Liga, en los que el Valencia se quedó fuera de la Champions, y le llevó en un estado precario a la cita de Suráfrica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de septiembre de 2009