Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:Agenda

Noche de verano en el casino

Un 'viejo lobo' del local donostiarra revela los entresijos de la sala de juegos Kursaal - Turistas y curiosos conviven con adictos solitarios

"Mathieu, arrête [déjalo]" espeta un joven francés a su amigo sentado en la mesa de black jack. El reloj roza las cuatro de la madrugada y el taco de fichas del citado Mathieu ha menguado considerablemente en las más de dos horas que lleva desafiando al crupier. Parece que no va a hacerle caso a su amigo y vuelve a apostar. Ambos son algunos de la treintena de aficionados que disfrutan de una noche de verano cualquiera en el casino Kursaal de San Sebastián. Padres e hijos, jóvenes enganchados al póker o asiáticos con los ojos abiertos de par en par son algunos de los clientes del casino, que cumplió los 31 años de su nueva etapa en junio pasado.

Aunque para el profano parece un simple lugar donde tomar una copa y pasar un buen rato con los amigos, un viejo lobo que lleva varios años en el local borra de un plumazo su aparente inocuidad: "Es un lugar donde se reunen putas, policías y ladrones de guante blanco. A los enganchados les reconoces en seguida cuando ves cómo quedan atrapados. En el fondo somos como enfermeros: les damos su dosis y se van para volver al día siguiente". Los asiduos, prosigue, suelen ser personas solitarias que tuvieron alguna vez la "mala suerte de ganar" y encontraron una falsa salida al tedio del día a día. "El juego es una trampa. Da mucha pena ver cómo llegan solos y se juntan entre ellos a hablar de cosas insulsas. La vida no les ha dado más posibilidades". Es desolador, añade, ver la impotencia en el rostro del que pierde una y otra vez hasta la desesperación. Aunque no ocurre todas las semanas, no es inhabitual que la casa tenga que sacar por la fuerza a alguien a quien el poema de Kipling, -"si tratas a la victoria y a la derrota como a dos impostores, serás un hombre hijo mío", viene a decir If- ya no sirve de consuelo. El póker estilo tejano, recalca, está haciendo estragos entre los jóvenes.

El negocio no iba mal en 2007, Facturaron 24 millones, con 2,19 de beneficio

"En el fondo somos como enfermeros: les damos la dosis y vuelven mañana"

Hacer fotos en una noche normal es imposible, porque "el cliente manda y no podemos molestarle", según uno de los responsables -por ello, la foto que acompaña el texto es de archivo-. Como no parece factible conseguir permiso para acceder, el reportero opta por desempolvar una chaqueta americana y pagar los cuatro euros de entrada a la sala de juegos como cualquier cliente. Quien se imagine un lugar imperial como el de la película de Martin Scorsese se llevará un chasco. En la pequeña sala de juegos del segundo piso no hay millonarios rusos excéntricos esa noche. Lo más pintoresco es un joven asiático que garabatea en una libreta intentando adivinar dónde caerá la bola de la ruleta mientras bebe a sorbos un vaso que parece de leche.

El negocio no iba mal a finales de 2007, último año de balance disponible. Facturaron 24 millones de euros y obtuvieron unos beneficios de 2,19 millones, frente a los 1,46 de 2006. Queda por ver cómo les afectará la crisis. "No percibo menos gente, aunque hay altibajos. En el fondo, los que juegan son los que tienen pasta", explica el viejo lobo. Y estos siempre están dispuestos a pasar una noche de verano en el casino.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de agosto de 2009