Reportaje:

Libros para hacer comunidad

Un pueblo de Valdeorras funda una editorial para hermanar a los vecinos

Lo suyo es crear una comunidad, cueste lo que cueste. Los de A Portela (San Martín de Valdeorras, Ourense) reactivan su aldea desde la asociación de vecinos San Xulián, aunque a los habitantes -cuentan los promotores del grupo- de momento, les cueste tomar decisiones para mejorar el pueblo. Sus 130 vecinos son una gran familia cuyos miembros regresaron para quedarse. Pero por sus calles no hay niños, así que por suerte o por desgracia, la casa que una vecina donó como colegio es ahora el cuartel general de esta asociación cultural. Llevan años preparando talleres, exposiciones y ferias, pero hace algunos meses fueron más allá. Convencidos de que el rural tiende a desaparecer, al igual que "los libros, el papel y las tortugas de tierra", explican en sus estatutos, decidieron heredar la tarea de los libreros y actuar como plataforma de distribución de libros para que el pueblo se mueva.

"No necesitamos a la metrópoli para ser como un barrio", explica un vecino
Una de sus primeras publicaciones fue una 'Antoloxía' de Florencio Delgado

En pleno siglo XXI, y al contrario que otras tantas aldeas gallegas, las edificaciones antiguas -lejos de haber sido devoradas por la maleza- han cobrado vida a medida que sus vecinos, formados fuera, iban volviendo a ocupar las casas familiares. Cuesta recuperarlas; muchas están enredadas por herencias y disputas familiares. Y cuesta mover a los vecinos "y crear conciencia de agrupación" en ellos para que se pongan firmes y defiendan sus peticiones ante un Ayuntamiento "que no quiere saber nada de asociacionismo". "Yo les digo", explica Antonio Rodríguez, bombero forestal, ingeniero y uno de los cabecillas de la organización, "lo fundamental es que tú pienses como vecino, no que piensen por ti". Explica que en la comarca de Valdeorras está empezando a proliferar el asociacionismo y que las ferias son la excusa para crear lazos. "Queremos demostrar que no necesitamos a la metrópoli para ser como un barrio", explica Rodríguez. "Hoy se puede hacer cualquier cosa. Sólo nos falta tener un grupo de gente que quiera hacerlo, y lo hacemos". La culpa de que las aldeas se despueblen poco a poco y nadie quiera volver a reactivarlas, dicen, la tiene la tradición política gallega "que nos enseñó a ser indecisos".

La idea de comenzar lo que llaman "servicio de libros" surgió como contrapunto a la negativa continua del Ayuntamiento de construirles una biblioteca. Su filosofía tiene como guía una columna de Juan José Millás publicada en EL PAÍS en junio del año 2000, titulada Libros, en la que se criticaba con dureza la medida del Ministerio que pretendía liberalizar el precio de los volúmenes. Quieren "facilitar la difusión de lo que entendemos como buena literatura", es decir, recuperar la tarea del viejo librero artesano. La edición, limitada, se completa con la distribución.

Estos selectos ejemplares, de momento, sólo son cinco títulos. Amancio Delgado se erigió, sin remedio, como promotor. Este vecino, que recorre Galicia y parte de Castilla maletín de ejemplares en mano, es editor de profesión, así que tuvo que ser el que más aportase en esta iniciativa. "Editamos porque somos muy atrevidos", resume Delgado, que es además autor de uno de los libros de la colección: ¿Quién mató al tío Pepe?, una recuperación documental íntegra de la causa por la que fue enjuiciado y fusilado en la Guerra Civil un vecino del pueblo, con casos de cuatro vecinos huidos.

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El primer paso lo habían dado con la Antoloxía del poeta Florencio Delgado Gurriarán, vecino de Córgomo y propuesto para el Día das Letras Galegas en 2004. Se tiraron 2.000 ejemplares. Un médico acupuntor ligado al pueblo también tiene su libro editado por la asociación. Los talleres de cuentos de San Xulián han pasado igualmente al papel. Un cuento inédito de Emilia Pardo Bazán y la filosofía del padre de la ecología moderna, Masanobu Fukuoka, esperan su turno para ser publicados. La edición, sin embargo, no centra su actividad. Quieren difundir y facilitar el acceso a libros difíciles de localizar. Exponen en los tablones de las ferias medievales de la comarca sus libros, y comparten plataforma de venta con otros títulos que estos vecinos creen "imprescindibles". Mueven su actividad a través de cinco vecinos que hacen de eje y motivación. Trabajan también por encargo. No quieren ayudas, sólo funcionar como una comunidad.

Su sede de esta casa de la cultura está situada en la Eira dos Bolos, un lugar en mitad del pueblo, sin una sola sombra. Los de San Xulián sobreviven en el corazón del pueblo, rodeados de cemento, porque todos los árboles de la plaza murieron por una plaga. Sólo les falta una cosa, el ADSL. "Aunque es más barrera trabajar contra el interés general que tener una conexión tan lenta", explica Rodríguez. "Cualquier sitio es habitable si estás feliz", añade, convencido de que es posible vivir mejor en la aldea que en la ciudad. "Se descivilizan", dice "y aquí no, aquí mantenemos la esencia".

Amancio Delgado y Antonio y Pablo Rodríguez, miembros de la asociación cultural de A Portela, en San Martín de Valdeorras.
Amancio Delgado y Antonio y Pablo Rodríguez, miembros de la asociación cultural de A Portela, en San Martín de Valdeorras.PEDRO AGRELO

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