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Entrevista:DIÁLOGO EPI-ITURRIAGA | Dos baluartes de la plata olímpica de 1984 ante Estados Unidos recuerdan su gesta y dan su visión sobre el futuro del baloncesto español | 25 años del primer gran éxito del baloncesto español

"Dejamos dormir a menos gente que ahora los de la NBA"

Hace 25 años formaron parte de la selección española de baloncesto que pasó a la historia al conquistar la plata olímpica en Los Ángeles y que sólo perdió en la final ante unos Estados Unidos con Michael Jordan y Patrick Ewing al frente. Casi niños todavía, Iturriaga y Epi dejaron Bilbao y Zaragoza para triunfar en el Real Madrid y el Barcelona. Ya entonces eran amigos. Lo compartieron todo: mil y una batallas como compañeros en la selección y otras tantas como rivales con sus equipos. Precisamente unos meses antes de ganar la medalla se produjo una tangana tal en el segundo partido del play off final de la primera Liga ACB que el Barça se retiró y no se disputó el tercer encuentro.

"Vimos aquel equipazo y a Jordan y nos dijimos: '¡Esto es otro mundo!"

"Con Díaz Miguel y nuestra generación empezó un proceso de quitarse complejos"

"El espíritu colectivo que mantiene España ya no lo tiene la mayoría de equipos"

"Pones a Rudy en la época de Jordan y está entre los cinco mejores de la NBA"

Juan Antonio San Epifanio. Él se pegó [en la trifulca también intervinieron Mike Davis y Fernando Martín]. Yo estaba allí viendo a quiénes tenían que expulsar.

Juan Manuel López Iturriaga. Yo lo reconocí. Cuando salí del vestuario, me entrevistaron y uno me preguntó: "Bueno, pero tú le has pegado?". Le contesté que le había dado un codazo, pero... Antonio [Díaz Miguel, el seleccionador] estaba bastante acojonado y, cuando fuimos a la concentración, nos reunió a los del Madrid y el Barça.

Epi. Nada. La reunión duró dos minutos porque no había ningún problema.

Itu. Creo que éramos siete porque Chicho [Sibilio] se había ido a hacer las Américas. A mí me sorprendió. Le dije: "Vamos, Antonio, no te montes películas".

Epi. Se ve que te quedaron ganas y en la gira por México, de preparación para los Juegos, tuviste un rifirrafe con jugadores más grandes que tú.

Itu. La preparación fue un poco demencial. Antonio era muy amiguete de Dean Smith y fuimos a Carolina del Norte y hacía un calor..., una humedad del 400%, y, claro, dábamos cuatro vueltas y todo empapado. Estuvimos cuatro días y nos fuimos a México. Allí eran muy guarros...

Epi. Teníamos que jugar contra la selección mexicana, pero se convirtió en un combinado. Eso de que los españoles éramos muy queridos allí no estaba tan claro. En el segundo partido la tangana fue tan grande..., una batalla campal. Era en una ciudad interior. A mí lo que me preocupaba era que, con el pabellón lleno, si a la gente le daba por bajar, no salíamos. Nos tiraban cristales, piedras, de todo. Ya en el vestuario dijimos: "Basta".

Itu. He de decir que, si bien fui el detonante, cuando me quise dar cuenta, me habían dado por todos lados. El partido fue muy fuerte. Teníamos que jugar tres amistosos y después del segundo ya no hubo más. No sé si es una leyenda urbana, pero después jugaron contra Uruguay y se comentó que el segundo entrenador de México fue al hotel de los uruguayos con una pistola.

Epi. Nos fuimos a Los Ángeles. Lo pasamos muy bien. Teníamos cierta libertad. No estuvimos en la Villa Olímpica, sino en una universidad.

Itu. Íbamos sin ningún tipo de expectativas. No hubo un momento en que nos planteásemos lograr algo.

Epi. ¿Qué expectativas? Pero si no teníamos ni primas.

Itu. Ahí se vieron nuestras expectativas. No sé qué hacían los capitanes.

Epi. Había un dinero que se pagaba y ya está. Luego, el Banco Exterior, que nos patrocinaba, nos dio un extra de motu propio.

Itu. Fuimos un poco a ver qué pasaba. A la mayoría de las selecciones las habíamos ganado, pero no íbamos a por medalla.

Epi. En el Preolímpico jugamos muy bien, mejor que en los Juegos.

Itu. Estados Unidos estuvo en nuestro grupo y los evitamos en el cruce.

Epi. Los fuimos a ver un día en un partido contra un combinado de la NBA y, claro, vimos a aquel equipazo y a Michael Jordan y nos quedamos con los ojos como platos: "¿Pero esto qué es? ¡Esto es otro mundo!". Había mucha diferencia física. Técnica, también, pero físicamente eran abismalmente superiores.

Itu. No existía la familiaridad de ahora. Se ha perdido el miedo.Ahora los ves mucho más. Entonces, la NBA e incluso los universitarios eran un mundo muy cerrado. O ibas allí o no los veías.

Epi. Cuando fuimos, ya habíamos oído algo y, sí, ya se veía que Jordan era mejor que los demás.

Itu. Era espectacular la expectación que generaba, la electricidad que se vivía en el pabellón y decías "¡ostras!". Pero, hombre, tampoco pensábamos que iba a ser el mejor de la historia. Todavía tenía 23 años o así.

Epi. Me emparejé con él. Intentaba tocarle el brazo. Rezábamos.

Itu. También es verdad que no era la barbaridad de jugador en que se convirtió. De hecho, a mí me daba más miedo Ewing.

Epi. Mientras que a Jordan lo veías más o menos igual, de nuestra estatura, los otros eran unos bestias y no había jugadores de aquel tipo en Europa.

Itu. A Jordan, a veces te creías que le habías pillado en el tiempo del salto. Pero tú saltabas con él, subías, bajabas y... él todavía seguía en el aire. Volaba. Una pasada.

Epi. A Yugoslavia le habíamos ganado. Éramos un equipo joven, pero descarado. Yugoslavia jugaba con estrellas como Delibasic, Cosic, Kikanovic, Dalipagic... El Europeo del 83 nos dio ese descaro para decir: "No tenemos miedo a nadie". Bueno, a Estados Unidos, sí.

Itu. Con nuestra generación empezó a perderse el complejo. Fue una de las cosas grandes que tuvo Antonio. Sembró la idea de que por qué no íbamos a ganar a Rusia, Italia, Yugoslavia... Eso, en aquella época, era hablar de cosas de chinos. Pero fuimos ganándoles a todos. Y en el 83 explotamos. En el 84 podíamos ganar o perder, pero salíamos sin complejo, salvo ante Estados Unidos.

Epi. Por eso, cuando ganamos la semifinal a Yugoslavia fue como si ganáramos la final. La prueba es que contra Estados Unidos se intentó jugar a no recibir un palizón. Fue un error, pero habríamos perdido igual.

Itu. Llevábamos una traca encima de la pera. Nos concentramos dos días después de acabar la Liga, en abril, y estamos hablando de agosto. Íbamos al límite. Cuando alcanzamos el objetivo, desconectamos.

Epi. Es que el periplo empezó en Grecia y en un vestuario encharcado. Mientras Antonio daba la charla técnica, nosotros, subidos de pie en los bancos.

Itu. Y a Antonio le dio por hacer una sesión de autosugestión y hacernos repetir: "Somos buenos, somos tal"...

Epi. Me parece que Corbalán bromea con la historia de que la final de Los Ángeles empezó con dos tiros libres. Los anotó y dijo: "¿Y si lo dejamos así?".

Itu. Hay otra anécdota de Romay, que dice que, antes de empezar el partido, preguntó a Ewing si se rendían. Cuando le dijo que no, él le contestó: "Bueno, pues nosotros sí". La verdad es que fue una pena. Pero en España ya había sido un zambombazo ganar la semifinal...

Epi. Es que por entonces no se lograban casi medallas, y en deportes de equipo, menos. Cuando llegamos al vestuario, antes de la final, había varias sacas enormes de telegramas de felicitación. Aquello fue muy emotivo.

Itu. Estábamos allí, aislados, sin saber nada. Y ahí nos dimos cuenta de que algo gordo se estaba montando en España. Cuando volvimos, supimos que se vivió como un verano mágico.

Epi. Dejamos dormir a la gente menos que ahora los de la NBA. Probablemente a esas horas no haya ningún acontecimiento que haya sido tan visto. Ni siquiera ahora con Pau y los Lakers, ya que antes sólo había dos canales. Ahora tienes 28. Yo no habría imaginado que se limaran las diferencias en tan poco tiempo. El acercamiento ha sido brutal. Pero ha venido dado por una generación fantástica. El problema es que haya continuidad y que aparezcan muchos más; no sólo Ricky y Rudy, sino muchos más.

Epi. Para nosotros, la NBA eran el Madrid y el Barça. Yo con 17 años no conocía a ningún jugador de la NBA. Lo veías todo muy lejano: Estados Unidos, hablar inglés, irte, dejar a tus amigos...

Itu. Jugamos un partido contra St. John's, la universidad de Chris Mullin, que luego estuvo entre los 50 mejores de la historia de la NBA, y, con 17 años, Epi era mucho mejor. ¿Pero qué pasaba? Que luego te quedabas aquí. Yo estoy convencido de que, si vamos con 17 años, seguro que habríamos llegado a jugar allí. Ya lo dice Pau. Él, en 1992, veía a Jordan. Nosotros, de pequeñitos, sólo veíamos al Barça y el Madrid.

Epi. Fernando [Martín] fue con 26 o 27 años.

Itu. Y era un tío bastante poco NBA. No era suficientemente rápido ni alto y, siendo fuerte, allí ya no marcaba diferencia. Pasó un año muy malo y decidió volver, pero igual cae en otro equipo y triunfa. ¿Hay alguien que dude de que Navarro puede jugar en la NBA? Y luego está el tema físico. Lo que hacen ahora Rudy o Calderón en Europa no lo hacía nadie.

Epi. Es que pones a Rudy en la época de Jordan y está entre los cinco mejores de la NBA.

Itu. Nosotros tocamos techo en Los Ángeles. A partir de ahí fue un descenso. Dimos paso a una generación talentosa, pero a la que le faltó algo.

Epi. La continuidad es lo difícil. Porque Gasol es la pera, pero también lo es Nowitzki y no ha ganado nada. Tiene que haber un grupo de 10 o 12 jugadores.Otra diferencia es contra quién luchas. Ahora no es con la URSS o Yugoslavia. La selección de Pau es mejor y también juega contra rivales menos poderosos.

Itu. Y el espíritu colectivo de España ya no lo tiene la mayoría de los equipos. Yugoslavia lo tenía. La gran ventaja de los españoles es que su compromiso con la selección es brutal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de agosto de 2009