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a la sombrita de la palabra

SI ME QUERÉIS, IRSE

Hay gente que colecciona frases en verano, para gastarlas en invierno.

Y hay gente que vive en un verano permanente de palabras para abastecernos de ellas.

Lola era así. A Lola las frases se le caían de los bolsillos del alma. Alrededor de Lola siempre revoloteaban alegres y geniales las palabras, la oratoria, el ingenio ingenuo y genuino. Las frases y las sentencias se desprendían de ella como el aroma se desprende de la flor, con la naturalidad del que no fuerza lo que es tan grande que no se puede controlar... la genialidad, el talento. Ella provocaba el verbo, estimulaba la gambeta, el regate palabril. El doble sentido, siempre espontáneo y recién nacido, se hacía ley en la boca de Lola y su locura se cargaba de verdad innegable, absoluta y te explotaba en la cara... salpicándote de luciérnagas, alguna que otra oscuridad, algún que otro maquillaje... y es que hay gente a la que le persigue la belleza.

El prestigioso New York Times sacó a pasear sus mejores galas descriptivas en forma de titular para explicar a los newyorkers quién era Lola en directo: "No canta, no baila... no se la pierda". Y leyendo este titular, me dio por reír, con la risa del descubrimiento y la afirmación, con esa risa pura y sin más pretensiones que las del puro goce que da encontrarte en el camino una cuesta abajo. A mí este titular me conmovió y me hizo llorar. Ese señor "Smith" (supongo), ese periodista norteamericano tan ajeno, tan lejano, captó la esencia de Lola y la dibujó en un papel en forma de literario pentagrama, supo mirar más allá de lo evidente como nadie de nuestra propia tierra, yo estoy seguro de que Lola le dictó esas palabras sin abrir tan siquiera la boca. Déjenme que les explique: la genialidad de Lola se rebelaba incluso contra Lola...

"Si me queréis, irse" es, sin duda, una de las frases más gloriosas del amplio repertorio con que Lola nos regaló a lo largo de su vida. Lo que me pasa es que siempre que me encuentro con el atasco en la carretera en plena Operación Salida o Retorno me acuerdo de Lola y grito en el eco de mis fronteras "si me queréis, irse". Pero también lo que me pasa es más hondo y es que cuando me saca de mi paraíso la cobardía y la crueldad de un atentado más, o cuando me roba el verano alguna ley mordaza de algún filo dictador ruin y simplón, me acuerdo de Lola y grito con toda la fuerza de mi incomprensión: "Si me queréis, irse". Y pasa que cuando me agobio pensando que ya empiezo a acostumbrarme a que se quemen nuestros bosques, que esté medio país parado y a que se van a cerrar nuestros chiringuitos... adivinen...

Pero no me quiero desviar del verano regalón y febril, resbaloso, infantil. Con Lola parecíamos eternos y por eso, sólo por eso, mereció la pena coincidir, aunque fuera poco, en el tiempo.

¡Usen veraneantes, señoras y señores distinguidos, las frases de Lola Flores! ¡Que se recojan en los libros, que se mezan en las bocas, que se escapen de los lirios! ¡Úsenlas en su propio beneficio y en el de todos! ¡Desháganse de los gritos... insulten pero explicándolo, abrácense (con decoro) y regálense con el pío!

"Si me queréis, irse" podría ser el grito de guerra del anfitrión que recibe durante el verano la esperada visita de su interminable familia, ¡qué buen recurso nos dejó Lola!, y es que después de una semana organizando multitudinarias comidas y cenas, repartiendo habitaciones y bregando con los niños, al final, el brindis de la última cena que se suponía emotivo, se convierte en el mismo grito desesperado, en una súplica profunda y punzante, desgarrada... entregada, y de este modo, reuniendo el valor necesario alzo mi copa y de mi boca sólo sale una frase: "Si me queréis, irse", mientras algún familiar (no daré nombres) sin darse por aludido, responde a viva voz "Eso, eso, yes we can". Este si me queréis irse es muy distinto al otro; éste significa no me olvidéis; éste significa no os vayáis; éste significa os extrañé; éste significa, os espero el verano que viene, por eso aprovechen el verano, usen sus redes para cazar frases y clávenlas con alfileres sobre cartulinas negras para cuando llegue el invierno las saquen de paseo y se refugien en ellas. Señora Lola Flores, señora: cuánto verano llevabas dentro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de agosto de 2009