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"A Pedrito, ni tocarlo"

Un detalle define a Pedro Rodríguez: el 14 de enero del 2008, sábado, jugó los últimos minutos del Barcelona-Murcia y el Camp Nou, entregado, fue un clamor: "Pedrito, Pedrito!", clamaba el estadio, celebrando los regates de aquel chaval que llevaba un dorsal, el 33, que abultaba más que él. "Pedrito se lo merece todo", dijo aquella noche Guardiola, su entrenador en el fílial. Al día siguiente, el Barcelona B se jugaba puntos importantes en Balaguer, camino del ascenso a Segunda B. Pedrito terminó el entrenamiento con el primer equipo, cogió el coche y siguió el partido desde la grada. Pedrito estaba en Premià, el día que debutó Guardiola como entrenador de Tercera, estuvo contra el Wisla, cuando en agosto, hace un año, el Barcelona se jugó meterse en una Champions que terminó ganando. Y allí, en Roma, también estuvo Pedrito, por supuesto. "No toqué la pelota, pero jugué la final" sonríe el canario, que no encuentra palabras para agradecer la confianza que siempre le ha tenido Guardiola.

Pedro, al que siempre llamaron Pedrito -"porque siempre fui pequeñito", se justifica- se topó un día con el departamento de mercadotecnia del club, que cogió las tijeras y le cambió el nombre a Pedro. "A mi me gustaba Pedrito, porque siempre me han llamado así, pero si el club prefería Pedro, pues Pedro", cuenta resignado el chaval. "Si fuera brasileño, le llamarían Pedrinho y no tendríamos dinero en el club para ficharle", respondió Guardiola, indignado, cuando lo supo.

Pedro, el futbolista antes conocido como Pedrito, nació en Tenerife el 28 de julio de 1987. Aunque matiza: "Soy de Abades, de un pueblo del sur de la isla". Allí viven todavía sus padres -él trabaja en la construcción y su madre, en la hostelería"-, sus dos hermanos -electricista y administrativa- y también los amigos con los que creció jugando en el Polideportivo de la Urbanización donde vivió su infancia -"el poli", le llama- o en la playa cercana al pueblo. Criado futbolísticamente en el San Isidro como media punta, mientras soñaba despierto viendo jugar al Barcelona de Rivaldo y Luis Enrique -"siempre fueron mis ídolos", cuenta, se reconoce como un prototipo de la escuela canaria: "Nos enseñan a jugar en corto, a cuidar el balón. Solemos ser habilidosos, es cierto". Llegó al Barcelona el 1 de agosto de 2004. Desde entonces, añora el potaje rural de su madre y juega de extremo. "Tiene el puesto metido en la cabeza", sostiene Guardiola. "Aprendí mucho de conceptos tácticos y posicionamiento con él", abunda el delantero.

Pedrito vivió la pasada temporada en un ascensor, subiendo y bajando del primer equipo (14 partidos) al filial (27). "Pep me dijo que necesitaba coger ritmo", explica; "y Luis Enrique me trató muy bien y metí muchos goles. Faltó poco para el ascenso, una lastima", dice antes de reconocer que el juego del Barça B del asturiano; "es diferente al que practicábamos con Pep. Hay que correr más, pero a mí no me importa correr". Málaga, Sporting, Zaragoza, Racing, Tenerife Olympiakos y Wigan, entre otros, llamaron a la puerta de la secretaria técnica este verano. "Es el jugador por el que más ofertas hemos recibido", reconocen desde el club. Pero Guardiola dio la orden: "Ni tocarlo. Pedrito no se mueve de aquí". Así que seguirá viviendo en Riera Blanca, cerquita del Camp Nou y ya no volverá al Mini. Ese al que llaman Pedro y siempre fue Pedrito, es jugador del primer equipo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de agosto de 2009