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Reportaje:música

Beethoven en clave de Twitter

La Sinfónica Nacional de EE UU se apunta a la última moda informática en un concierto narrado a través de la red social

Es más que probable que, si viviera, Beethoven hubiera cogido gusto a Twitter, la aplicación social de Internet que permite, a través de un ordenador o un teléfono móvil, informar a amigos y conocidos de todo lo que le pasa a uno por la cabeza, en sólo 140 caracteres. Sobre todo, porque Beethoven, al final de sus días, había perdido la audición y podría haber seguido las diversas interpretaciones de sus sinfonías leyendo la pantalla de su teléfono. Eso es lo que hizo, el pasado jueves por la noche, el director Emil de Cou, al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional de Estados Unidos, mientras su varita se enfrentaba a la Sexta Sinfonía, Pastoral, del maestro alemán.

A lo largo de los cuatro movimientos de la obra, un colaborador de De Cou envió unos 30 mensajes de Twitter, escritos previamente por el director, en los que explicaba qué quería decir Beethoven en cada movimiento, cada textura y cada giro. "La música evoca los pájaros cantando, el sonido de un arroyo y ruedas que corren sobre los adoquines", escribió nada más comenzaron los primeros acordes del allegro ma non troppo inicial. "Mientras las notas se aceleran, el arroyo discurre más rápido. Beethoven explicó que cuando las notas se ralentizan, el agua se convierte en más profunda", añadió después.

Decenas de diminutas pantallas se iluminaron entonces en el auditorio, el teatro al aire libre de Wolf Trap, situado en un frondoso bosque a 30 kilómetros de Washington. Para que el público pudiera utilizar sus móviles con libertad, se permitió el uso de dispositivos electrónicos sobre el césped, en una de las partes traseras del teatro. La audiencia en aquella zona era notablemente más joven que en el resto del recinto.

Por supuesto, a los más puristas, a los que se sentaban en las primeras filas, la mera idea de Twitter les horrorizó. El mismo director, al anunciar su experimento durante el descanso, lo pudo comprobar. "Hoy tenemos un pequeño experimento", dijo micro en mano. "Vamos a utilizar Twitter durante la sinfonía. Aunque sé que a muchos de ustedes ni siquiera les importa lo que es Twitter". En ese preciso instante una oleada de aplausos recorrió el auditorio. De Cou fingió durante un instante que abandonaba el escenario, aceptando que la misma idea de una aplicación online en un concierto de Beethoven es un puro sacrilegio.

Sin embargo, no todos los melómanos mostraron su disgusto ante este insólito maridaje entre música clásica y nuevas tecnologías. "Creo que es una forma fantástica de hacer la música clásica más accesible", explicaba Lidia Buzek, de 47 años, que acudió al concierto con sus dos hijos, de 14 y 16. "Los niños están acostumbrados a enviarse mensajes de texto constantemente. Esto no es una distracción, es una forma fácil y efectiva de entender al artista, de saber qué quería decir". Esa era exactamente la intención del director. "Lo que voy a mandar son unas notas sobre la sinfonía, una serie de explicaciones. Los que no quieran seguirlas a través de Twitter, pueden hacerlo a través del programa impreso de toda la vida", explicó De Cou lenta y tímidamente, como defendiéndose ante el tribunal de la santa inquisición musical.

Antes del experimento, De Cou había logrado una sonora ovación con una apasionada interpretación de diversos fragmentos de Rodeo, de Aaron Copland. Pero ni Copland ni Twitter pudieron contra la sensación de la noche, la violinista de 28 años de Filadelfia Sarah Chang, que, ataviada con un cegador traje fucsia, había puesto al público a sus pies con una intensísima y arrebatada versión del Concierto para violín en Mi menor de Félix Mendehlson. Durante su interpretación no hubo libretos, móviles, ordenadores o Twitters que valieran. Frente a semejante virtuosismo, cualquier cosa es una distracción.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de agosto de 2009