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Tribuna:ENCADENA2

Especialista en fugas

Son ciclistas pacientes, eficaces, camuflados en el centro del pelotón, sin gastar fuerzas, hasta que llega la fecha que han marcado en rojo en el calendario. Entonces se desperezan, saltan del grupo y escapan en solitario, en una de esas cabalgatas legendarias que atraviesan media España, o media Francia, o varios países: comienzan en Bélgica, cruzan Holanda y Luxemburgo y terminan en Alemania. No les gusta el cronómetro y en la montaña sufren demasiado, incapaces de competir con los escaladores, por lo que sólo les queda la fuga para lograr un triunfo. Sin ser especialistas en nada, se manejan bien en todas las disciplinas y, sobre todo, son los mejores en resistencia: al cansancio, al sufrimiento, a la desmoralización.

Huyen del pesimismo y su valentía es incompatible con la especulación: cierran los ojos, se lanzan a carretera abierta y siguen pedaleando aunque, sedientos, su garganta arda en llamas, las rodillas les crujan de dolor y parezca que sus rótulas van a salir disparadas, rodando por el asfalto. A ningún otro ciclista se le hacen tan largos los kilómetros y, sin embargo, ninguno está dispuesto a recorrer tantos. Sin nadie que les dé un relevo, despiertan en nosotros esa simpatía hacia el viajero que al atardecer llega de muy lejos montado en bicicleta. Y nuestra piedad por su frecuente condición de perdedores: a menudo son atrapados por el pelotón en los últimos kilómetros, cuando, agotada toda su energía, ya vislumbran al fondo de una recta la línea de meta.

Durante años, el ciclismo español, huérfano de campeones y pródigo en rivalidades internas, ganó algunas etapas mediante escapadas de Pérez Francés, de José Luis Viejo, de López Cerrón, de Juan Manuel Santisteban, de Eduardo Chozas. Seguían la estela del inventor de la especialidad, Fernando Manzaneque, que tenía dos apodos: La Yegua y Manzaneque de La Mancha, y del mítico Luis Balagué, que en la Vuelta a España de 1972 destrozó todos los récords y ganó en Zaragoza después de una fuga en solitario de 259 kilómetros recorridos desde Manresa. Difícilmente se batirá ya esa marca, porque la tendencia se inclina a diseñar etapas cada vez más cortas: la más larga del Tour 2009 sólo tiene 224 kilómetros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de julio de 2009