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Crítica:MÚSICA

Seis voces para un mar

Producir para singularizarse. En tiempos en los que los artistas giran por los festivales estivales, producir encuentros con personalidad propia acostumbra a ser una vía para afirmar el estilo y la personalidad de unos eventos que desean una singularización. Ésta fue la vía escogida por el festival de la Porta Ferrada para presentar el viernes una de sus noches centrales que, dedicada al Mediterráneo en el Centenario de la Costa Brava, reunió a artistas de varias de las culturas del entorno de este mar en el espectáculo Visions de la Mediterrània. Y la noche acabó, cómo no, con una de las canciones que más y mejor han retratado al viejo mar, ese Mediterráneo que Serrat entonó para despedir a un público que vivió las ventajas y también alguna desventaja de actos con esta estructura.

Visions de la Mediterrània

Espai Port

Festival Porta Ferrada

Sant Feliu de Guíxols (Girona), 17 julio 2009.

Final sin emoción

Las ventajas fueron muchas, entre ellas ver sobre un mismo escenario a artistas como María del Mar Bonet, la griega Savina Yannatou, el italiano Gino Paoli, la sarda Franca Masu, la yemeno-israelí-norteamericana Noa y a un Joan Manuel Serrat convertido en patriarca de lo que aconteció en Sant Feliu de Guíxols.

Como ocurre en este tipo de conciertos, la irregularidad y la dificultad de centrar una dinámica musical fueron dos problemas que hubieron de ser solventados por la predisposición y curiosidad de un público dispuesto a viajar de una canción tradicional griega de Yannatou al pop multicultural de Noa y del Mediterráneo árabe escanciado por la Bonet a la Cerdeña catalana de Masu, pasando por el romanticismo genuinamente italiano de Paoli, valedor de Serrat en Italia, con la preciosa Senza fine y la inevitable Sapore di sale. Con cada artista interpretando tres piezas, el hilo conductor lo mantuvieron los arreglos de Joan Albert Amargos al frente de la orquesta Festival Porta Ferrada Barcelona 216.

La noche, de paso ágil y con los cambios de escenario bien resueltos, sólo pecó de cierta falta de emoción que se tradujo en un desangelado final que dejó al público con ganas de algún bis que generase más complicidad entre los invitados, quienes exceptuando la colaboración de Noa con Serrat en Es caprichoso el azar, no tuvieron más implicación mutua que el saludo final. Aun con todo, en Sant Feliu de Guíxols se cantó a todo aquello que acerca una Costa Brava que ya centenaria procura mantener lo que de joven la convirtió en irresistible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de julio de 2009